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jueves, 27 de enero de 2011

Thread, Expulsada. {2}

JEANNE.

Era fácil poner especial atención cuando se trataba de asignaturas que realmente llamaran tu interés. Más el día de hoy no estaba con los suficientes ánimos como para aguantar dos horas seguidas de Pociones junto a las águilas. Había dormido bien, no podía negarlo, pues una pequeña travesura en la enfermería le permitió obtener un par de pociones del sueño que hicieron que durmiera por horas y horas como un angelito. Más entró a clases y aún parecía sentir un pequeño síntoma de sueño o cansancio como si aún no se acabara del todo, la esencia adormecedora de la poción. Es por lo mismo, que gran parte de la mañana no tomó suficiente atención en clases y ya para cuando tocaba la clase de Pociones, sus ánimos no eran los mejores. Aprovechó un pequeño revuelo de clase para pedir permiso al profesor, por no sentirse bien.

Es bueno llevarse bien con él. Salió y vio como la rubia que habían echado, se había ido por el camino contrario. Ella, en cambio, fue a dejar sus cosas a la sala común que le quedaba cerca, para después pasear por los jardines un momento. Es tan cómodo como para soportar los pocos rayos de sol de la tarde. Así, cuando se encontró ya fuera, notó la escena que seguramente la entretendría hasta la hora de la cena. Se sacó los zapatos para sentir el césped en sus pies descalzos y se apoyó en el mismo árbol que la rubia águila se apoyaba. Su silencio caminar, generalmente hacía que ella pasara desapercibida hasta el momento en que sus palabras salían. – Nunca había visto a una Águila Rebelde. – Soltó de pronto, sonriendo como pocas veces lo hacía. Tal vez era porque había dormido bien, que andaba de buenos ánimos al sentir el viento en su rostro. Realmente quienes la conocen tienen razón al decir que es una bipolar.


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RAIKA.

Estaba frustrada, demasiado para ser ella. No solo un imbécil con coeficiente intelectual cero, o inferior, había contribuido, seguramente, gratamente a su expulsión de la última clase del día. Además, había logrado enfadarla de tal manera que, habiéndose alejado del problema, también llamado slytherin carente de neuronas, y estando sola, a excepción de algún que otro alumno que deambulaba por los jardines después de haber faltado a alguna clase, no era capaz de evitar seguir pensando en ello, y en las palabras del joven. Si, era cierto que su sangre no era completamente pura, pero también era cierto que ella podría llegar a ser mucho mejor bruja de lo que ese imbécil sería nunca. Acabaría como la mayoría de su casa, sirviendo a cualquiera que prometiese una limpieza de sangre. Títeres, eso eran. Se jactaban de su linaje, de sus riquezas, de todo lo que poseían y la facilidad con la que lo conseguían. Pero no dejaban de ser títeres que dependían de un mago o bruja aún más bobo que ellos mismos. Patético.

Enfadada, ya no solo con aquel chico, sino con ella misma también, tiró el libro a su lado. Ya había quedado claro que el punto del día no eran los estudios, lo mejor era rendirse, se ahorraría aún más dolores de cabeza. Pensó en irse a la sala común, no le vendría mal dormir unas horas, aunque tuviese que saltarse la comida, pero una voz femenina sonó por encima de ella. Posó su mirada sobre la joven, a la cual reconoció al instante, habían compartido la última clase, o, al menos, el tiempo que la rubia estuvo en la misma. Otra Slytherin. – Quizás nunca te has molestado en conocer a otras águilas.- Respondió con simpleza, tratando de no mostrarse molesta con ella. Podía ser otra serpiente, mas aún así, y hasta el momento, no le había hecho nada. Y no sería ella quien cambiase eso.

Thread, Por Merlín(?) {2}

Recordaba con exactitud el día en el que Nisha había entrado en su vida. Faltaban apenas un par de semanas para que las clases comenzasen de nuevo y la que hasta entonces había sido su mascota dentro del colegio, había enfermado. Nada suficientemente grave para hacer peligrar su vida, pero también es cierto que ya tenía casi siete años y no estaba para trotar por el castillo día sí y día también. Fue entonces cuando Heller, hermano mayor de la rubia, le regaló una preciosa gata que contaba con apenas un mes de vida. A la Ravenclaw desde siempre le habían encantado los animales, más los gatos. No sabía porque, pero los adoraba. Y en el caso de Nisha, no iba a ser una excepción, es más, había sucedido todo lo contrario. Desde el primer momento en el que la tuvo entre sus brazos, supo que sería muy importante para ella, tanto dentro del castillo, como fuera del mismo. Lo que no sabía, era el porque de ese nombre, simplemente había sido el primero que se le había pasado por la cabeza en ese momento. Le gustó y no había más que hablar. Fácil.

Aún así, era demasiado pequeña como para deambular sola por ahí, tan pequeña que no tardaría en ser pisada por cualquiera que no viese más allá de sus propias narices. Y por nada del mundo permitiría que hubiese una maldita opción a que esto ocurriese, aunque tuviese que dejarla en el cuarto durante las clases y tan solo saliese del mismo con ella. Es más ni siquiera Celeste la había visto aún. Mejor dicho, casi ninguno de sus amigos la habían visto, pero es que la mayoría pertenecían a la casa de Godric Gryffindor. En cambio si había podido enseñársela a Fred, el compartir casa y sala común, ayudaba demasiado. Lo difícil sería que no la hubiese visto, teniendo en cuenta las horas que Raika pasaba en la sala común con ella a la semana. Una sonrisa se posó en sus labios al pensar en Fred. Y al recordar el día en el que Nisha le había arañado, inocentemente, pero le había arañado. Ese día, lo que más le había sorprendido, fue que la gata, después de que Fred hubiese tratado de cogerla en varias ocasiones, se dejase coger. Pues apenas permitía que lo hiciesen ella y su hermano. Incluso salía corriendo cada vez que se encontraba con Ilse. No dudaba de que supiese lo importante que Fred era para ella. Esa bola de pelo, como Ilse la llamaba cada vez que huía de ella, era más inteligente de lo que, en ocasiones, debía.

Tan pérdida en sus propios pensamientos se encontraba que ni se había dado cuenta de que no estaba sola en ese aula. Levantó levemente la cabeza hasta posar su mirada en la figura que se encontraba a escasos metros de ella. Melissa. – Quizás tengas razón..- respondió simplemente, acariciando con su mano la cabeza de Nisha. Debería tenerlo en cuenta la próxima vez que fuese al Callejón Diagon. – Bastante bien, ¿y tú? – respondió al mismo tiempo que una sonrisa aparecía en su rostro.- No, estoy bien aquí.- Añadió, desde pequeña había preferido sentarse en el suelo antes que en una silla, y dudaba que eso fuese a cambiar, al menos, en un futuro próximo.

Halloween. Raika & Fred {1}

Frederick llevó ambas manos a su cabello, despeinándolo, para luego dejar sus manos allí, estirando sus brazos. Observó el reflejo de su figura en el espejo de su habitación, y negó lentamente con la cabeza mientras sonreía. Odiaba disfrazarse. Tampoco es que lo hiciese tan a menudo como para realmente hacerlo, pero se sentía bastante estúpido. Además había pasado la última hora bromeando y riéndose a carcajadas con los compañeros de habitación, al mezclar partes de disfraces con otros. Ahora que veía su disfraz entero, le parecía bastante soso, pero tampoco le iba a dar mucha importancia. Desde hacía unos días que podía sentir los nervios florecer en su estómago cada vez que había pensado en esa noche. Iguales a los que había sentido aquella madrugada en el Campo de Quidditch. Y es que lo que iba a hacer, no lo había hecho en su vida, e incluso a pesar de tener esperanzas en que todo saliera bien, no podía evitar sentirse nervioso por ello.

Una vez bajó los escalones, buscó con la mirada a la rubia, incluso a pesar de que habían quedado en encontrarse allí. Sin querer esperar más para verla, salió del lugar y del castillo, para trasladarse en uno de los carruajes a la Casa de los Gritos. Una vez allí, tuvo que entrecerrar un poco los ojos para acostumbrarse a la oscuridad dramática que el decorado poseía dentro. Había estado pocas veces en aquella casa, pero el cambio era increíble. Realmente se habían esmerado. Sin embargo, al subir las escaleras, en vez de continuar admirando la decoración, tuvo que inevitablemente, admirarla a ella. Se acercó a Raika por detrás, y pasó sus manos por su cintura. – Te extrañé. – Susurró antes de depositar un beso en su cuello, y sonreírle mientras ella se giraba. De hecho, a pesar de no haberla visto por tan solo unas horas, sí lo había hecho.

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Las últimas horas habían pasado demasiado lentas para la rubia, tanto, que creía que jamás llegaría la hora en la que tuviese que salir del castillo para ir a La Casa de los Gritos en uno de los múltiples carruajes que el colegio había puesto a disposición de todos los alumnos interesados en asistir a la fiesta de Halloween. Hacía varias semanas que había elegido el que sería su disfraz, en realidad, su hermana había sido la que lo había elegido para después enviárselo desde Alemania. No es que le llamase demasiado la atención disfrazarse, es más, creía que esa actividad debería quedar para los más pequeños, pero no podía negarse a una noche diferente ofrecida por los profesores encargados de dicho evento. Siempre sería mejor que quedarse en la habitación o en la sala común. Aunque, no le importaría lo más mínimo quedarse allí si Fred la acompañase.

Casi habían pasado dos meses desde aquella madrugada en el campo de quidditch, y a pesar del tiempo transcurrido aún no se acostumbraba por completo a los cambios, simplemente, había momentos en los que aún creía que todo era fruto de un sueño. Por este mismo motivo, un escalofrío, tan común ya para ella, recorrió su cuerpo cuando sintió como el castaño la rodeaba por la cintura. No pasó mucho hasta que girase su cuerpo para quedar frente a él. – Yo también.- Respondió al mismo tiempo que una sonrisa completa se formaba en su rostro. Apoyó sus manos sobre sus hombros, sintiendo como si en cualquier momento pudiese explotar de felicidad.

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Había días, en los que no podía evitar recordar cómo era todo antes. De hecho, miraba hacia atrás, se concentraba en todos los detalles que tan de memoria recordaba de aquella madrugada, y seguía sin creer que todo eso había pasado. Como si se hubiese levantado dormido hacia las cocinas, y hubiese imaginado todo lo sucedido desde el momento en que buscó algo para comer a aquellas horas, en adelante. Sin embargo, cada vez que bajaba las escaleras de la sala común, y se encontraba con ella allí, o cuando se cruzaban en los pasillos, e incluso en los entrenamientos de Quidditch, eran constantemente una confirmación de sí había sucedido, y que ella le correspondía. Por eso también se sentía un poco bobo al sentir nervios de su respuesta aquella noche, cuando llegara el momento, o cuando él sintiera que era el momento oportuno de preguntarle lo que había rondado en su cabeza las últimas dos semanas.

Rozar su piel seguía provocándole aquel recorrido de electricidad por su cuerpo, incluso en esos momentos. Cuando se giró, y la escuchó al mismo tiempo, no pudo evitar tener que recordarse como respirar. Volvió a sonreírle, sintiéndose el más afortunado del mundo por ser el que recibía aquellas palabras. – Estás.. romanamente hermosa. – Dijo con la sonrisa aún en sus labios, bromeando, pero al mismo tiempo diciendo nada más que la verdad. De todos modos, y sabía que no solo a sus ojos, ella podría vestir lo que fuese, que continuaría siendo la única que él podría mirar como lo hacía. - ¿Hace mucho llegaste? – Preguntó mientras pasaba sus brazos nuevamente alrededor de su cintura, solo para acercarla más a él.

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Los dos últimos meses parecían apenas un par de semanas. El tiempo había comenzado a correr de forma estrepitosa desde aquella madrugada de principios de Septiembre. La rubia aún recordaba, además, el día en el le había contado todo a Cels, y como, a pesar de estar en la enfermería, le había interrogado como si de un policía muggle se tratase. Y como olvidar aquella noche en la que absolutamente todo había dado un giro de ciento ochenta grados. Lo que en un principio parecía quedarse en una noche en ya no podría más, se había convertido en el día que no podría olvidar ni aunque mil hechizos desmemorizantes cayesen sobre ella. Había tardado demasiado tiempo en aceptar sus sentimientos hacia el castaño, y ahora, se sentía una estúpida por haber esperado tanto.

No pudo más que sonrojarse al escuchar las palabras de Frederick, a pesar del tiempo, y, presentía, que por más meses que pasasen, esto era algo que no iba a cambiar por más que ella tratase o quisiese. –Tú lo estás más.- respondió sonriendo, trazando con sus manos los diferentes relieves de su disfraz. Sencillamente no podía ser más perfecto. Automáticamente volvió a posar sus manos sobre sus hombros en cuanto sintió como el castaño le rodeaba nuevamente por la cintura. – Unos minutos nada más.- respondió para después simplemente rozar sus labios con los suyos. Acto que volvió a llevar a sus mejillas un tono carmín. Aún no se acostumbraba al hecho de poder besarle, y menos ante medio colegio, pues sentía que todas las miradas se posaban en ella y, varias de ellas, cargadas de rencor hacia su persona.

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La verdad es que estaba seguro de que el castillo en general, incluyendo a los alumnos, profesores, directivo, e incluso también los fantasmas, habían estado necesitando un respiro como el que aquella fiesta traía consigo. Como todos de seguro habían hecho, las noticias o chismes de lenguas agrias ya hablaban de un nuevo Voldemort, como años atrás. Él no lo quería creer. Al menos, no creía que fuesen tan idiotas como para tratar de nuevo. El solo hecho de pensar que una nueva guerra podría avecinarse, le incomodaba y perturbaba demasiado. Y ni siquiera se atrevía a pensar en algún daño que Raika pudiese sufrir. Por más mínimo e insignificante este pueda ser; Aquello sería simplemente, demasiado como para siquiera pensarlo.

El castaño observó, incluso con la oscuridad y luces del lugar, como un color carmín se apoderaba del color natural de las mejillas de Raika. Era algo en ella que particularmente, como todo en realidad, le parecía demasiado adorable, y le arrancaba una sonrisa completa. Al escucharla bajó la vista, e inhaló aire, siendo su turno de incomodarse por sus palabras. – Si, bueno.. – Susurró por lo bajo, antes de volver a alzar su mirada a su rostro. Los brazos de la rubia volvieron a situarse en sus hombros, y él se dio el lujo de aprovechar aquel movimiento para hacer desaparecer los centímetros que habían entre ellos. – Es bueno saber que no estuviste demasiado tiempo sola, como para tener que disputarme con otro romano el acompañarte esta noche. – Bromeó sobre sus labios, luego de que ella los rozara con los suyos. Raika volvió a enrojecerse levemente, y Frederick no pudo evitar volver a sonreír antes de finalmente
besarla.

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Lo cierto era que, a pesar de lo que pudiese llegar a opinar acerca de disfrazarse o no, había esperado que esa noche llegase durante los últimos días. Pues, el hecho de que Frederick fuese su pareja, no hacía más que cambiar todo lo que la rubia pensaba sobre Halloween. Sabía que no hacía falta nada de aquello para pasar tiempo con él, pero si había algo que Raika odiase, era a todas aquellas chicas, fuesen de su casa y curso o no, que se le acercaban con intenciones completamente diferentes a las que aparentaban. No es que fuese celosa, no en exceso al menos, pero, a pesar de no tener nada serio con el castaño y no tener motivos para ello, no podía evitar sentir rencor hacia todas esas chicas.

-Si bueno nada. – Susurró con una sonrisa en sus labios. Ya podrían haber ido todos los alumnos con ese mismo disfraz, que ninguno habría tan siquiera podido competir con el castaño. En realidad, no había ningún alumno al que Raika pudiese mirar como al Ravenclaw. Ni aunque quisiese, no podría. –No querría estar con ningún otro esta noche. – logró pronunciar antes de que Frederick la besase. Ni esa noche, ni al día siguiente, ni al siguiente. Pensó, entrelazando sus manos tras su cuello y enredando sus dedos en su cabello.


sábado, 25 de diciembre de 2010

Raika, Fotos.

Historial, Raika Van Dijk

Raika Ivana Annika Van Dijk Zimmerman




Datos Personales


# Apodos;
Rai, Ika, Ann, Nika, Raichu. [strike]Princesa & Rubia (Por Mathias)[/strike]

# Fecha & Lugar de Nacimiento;
Hamburgo, Alemania. 27 de Abril.

# Edad;
16 años.

# Residencia Actual;
Londres, Inglaterra.

# Nacionalidad;
Alemana.

# Casa en Hogwarts;
Ravenclaw

# Varita;
Madera: Palma Negra
Núcleo: Esencia de cuerno de Unicornio
Medida: 25 Cm
Especialidad: En hechizos de defensa de
contra magia obscura


# Patronus;
Lince Rojo.

# Linaje;
Mestiza.





Seguramente existan mil y una formas diferentes para definir a la joven Ravenclaw, que haya elegido esta no quiere decir que sea la más fiel o exacta, pero tampoco la que más verdades oculte. Realmente es complicado, pues depende del día en el que te encuentres con ella podrá comportarse de una forma u otra, siempre dentro de la misma línea, no es bipolar para que sea de otra forma, aunque muchos hayan llegado a pensar que lo es en algún momento u otro. Bobadas. Si, es cierto que su humor puede cambiar de un día a otro, ¿pero a quién no le pasa esto? Por un lado puede ser la persona más agradable y simpática del mundo, mas esto cambia casi radicalmente si la haces enfadar, algo que es realmente difícil de conseguir y lo cual pocos han logrado. Eso sí, ten claro que si eres del prototipo de Matthew Callahan te será bastante sencillo conseguir que la paciencia de la rubia explote en cuestión de segundos. Esto no implica, ni mucho menos, que se calle la boca y de media vuelta, todo lo contrario, si la joden, ella no se va a morder la lengua, siempre, o casi siempre, bajo comentarios sarcásticos o cometarios que puedan sentar peor que cualquier golpe y/o hechizo. Más claro; agua.

Alegre y divertida. Difícilmente te aburrirás a su lado. Es incapaz de estar sentada sin hacer nada, por lo que es difícil verla en la sala común a no ser que esté haciendo la tarea o algún que otro trabajo, no solo porque no hay mucho para hacer, sino que, además, le agobia en aquellas horas en la que la afluencia de Ravenclaws es la máxima. Por lo contrario, puedes encontrarla en los jardines del castillo, bien sea corriendo o paseando, o nadando en el lago durante los meses más cálidos. Esto no quiere decir que que evita la compañía de otros alumnos, para nada. Sin sus amigos no sería absolutamente nadie, para ella son lo más importante que tiene dentro y fuera del colegio, a parte de su familia, claro. Daría su vida por ellos sin pensarlo tan solo un segundo. No cree en el amor, al menos eso quiere hacerse creer a sí misma, pero no es tan fácil y menos ahora que sus sentimientos –hacia uno de sus amigos- es increíblemente confuso, demasiado. Nunca antes había sentido algo parecido, y eso es algo que le da pánico, no se lo ha contado a nadie, ni piensa hacerlo, al menos por el momento. De la misma forma que daría todo lo que pudiese dar por una amistad, en este caso sería un tanto diferente, probablemente también lo diese, pero el temor a perder la amistad es mayor a todos los cosquilleos, escalofríos, e incluso celos, que puede llegar a experimentar cuando está cerca de Frederick.

Intelectualmente hablando, Raika es una joven inteligente, no por nada fue seleccionada para la casa de Rowena, mas esto no quiere decir que sus notas sean las mejores de la clase, para nada. Tampoco son malas, pues hasta ahora nunca ha bajado del Supera las expectativas. Esto no es debido a largas horas frente a diferentes y aburridos libros, si así fuese seguramente podría presumir de varios Extraordinarios en sus notas, sino que posee una buena capacidad de concentración, lo que le permite prestar atención en las clases sin tener que esforzarse demasiado en atender al profesor en cuestión, y también es debido a su buena memoria, la cual podría llegar a sorprender a muchos. Podrías preguntarle casi cualquier cosa acerca de su pasado y podrá contarte hasta la más mínima y apenas importante anécdota de ese momento, eso sí, no le preguntes que ha cenado el día anterior. No podía ser todo perfecto, ¿no?

Por norma general es una joven madura, pero en ocasiones puede sacar su lado más infantil, obviamente, sin sentirse avergonzada en ningún momento. Es como es, y a quien no le guste que se de media vuelta o que se vaya en busca de una personalidad propia. Fácil. Es también una persona muy cariñosa, no dudará en abrazarte hasta que te pongas morado y más si ha pasado tiempo sin verte. Siempre está pendiente de aquellos a los que quiere, no de ir a todas horas detrás de ellos como si fuese un perro, sino de preocuparse de si están bien o están mal, si necesitan su ayuda o no.

Es única, simplemente, es Raika.




♦ Ojos

Heredados de su madre, los ojos de la rubia son azules como el cielo y aunque antes eran de un azul más oscuro, con el paso del tiempo se fueron aclarando hasta acabar en el tono actual. No es muy dificil interpretar sus miradas, pues sus sentimientos son representados rápidamente en ella: Dolor, ira o cariño, no importa lo que sienta, su mirada la delatará fácilmente. Obviamente, esto no es algo que le agrade, ya que no le hace ninguna gracia que todos sepan lo que siente, es algo que entra en su propia intimidad, y a nadie más le incumbe. Usó gafas durante unos años cuando era pequeña, puesto que tenía miopía, pero pocas veces utilizó lentillas, eran, y son, algo que le incomoda realmente.

♦ Nariz

Ni demasiado grandes, ni demasiado pequeñas. Ni puntiagudas, ni achatadas. Podrían calificarse como unas narices normales, comunes. A pesar de esto, Raika siempre se ha sentido acomplejada por ellas, sin duda alguna es la parte de su cuerpo que menos le gusta y la que, si tuviese oportunidad, cambiaría sin dudarlo. Claro que, con el tiempo, ha aprendido a aceptarse tal y como es y ya no es algo que le preocupe en exceso, total, a quien no le guste.. que no mire, ¿no?

♦ Labios

Más bien finos que gruesos, pero lo que más destaca en ellos es su palidez, que, aunque no es extrema si es notoria. Por norma general no suele utilizar pintalabios en tonos fuertes como el escarlata, a excepción de alguna que otra ocasión en la que no le queda otro remedio, ya que no le gustan dichos colores y mucho menos tener que utilizarlos. Por lo contrario, a diario utiliza brillo de labios, no destaca demasiado, y además logra que la palidez de sus labios sea menos visible.

♦ Cabello

Es de un tono rubio claro, puede llegar a parecer artificial, pero la verdad es que es natural, por mucho que algunas digan lo contrario. Jamás se teñiría, a excepción de una vez en la que perdió una apuesta con su hermano mayor y tuvo que teñírselo de rosa claro, aparte de esto, su cabello no ha sufrido ningún cambio de tono, momentáneo o no. Es liso y fácil de manejar. Suele llevarlo suelto, aunque a veces se lo recoge o se hace ondas. Cuando está nerviosa es incapaz de no llevarse las manos a uno de sus mechones y jugar con él.

♦ Complexión física

Delgada, pero no en exceso, tan solo es simple genética. Puede comer como la que más y no engordar ni un mísero gramo, aún así, sigue una dieta equilibrada. Es alta, con su metro setenta supera a la gran mayoría del las chicas de su edad, a causa de esto no suele utilizar tacones habitualmente. No posee unas curvas muy marcadas, pero esto no es algo que le quite el sueño. Su vientre es perfectamente plano, debido a las largas horas dedicadas al surf y a otro tipo de deportes muggles.






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Aubrey Cadllan Zimmerman Yeh ●

Siendo la segunda hija de Aubrey Yeh y Rolf Zimmerman, Aubrey, nació en el seno de una familia acomodada de la República Democrática Alemana, también conocida como la Alemania del Este, más concretamente en la ciudad de Berlín, obviamente en la parte este. Mas todas las comodidades de las que pudiesen disponer no eran más que pequeñas bonificaciones al trabajo que su padre realizaba para el gobierno. Esto no quiere decir que estuviesen de acuerdo con el mismo, todo lo contrario, pero simplemente había que vivir de alguna forma, y luchar contra corriente no era la mejor de las opciones. Creció y se educó en las mejores escuelas de la capital, a excepción de sus años en Hogwarts, al mismo tiempo que su odio hacia el país aumentaba. Antiguas compañeras suyas se habían ido a la Alemania occidental, y desde entonces, sus vidas habían dado un giro radical, siempre para mejor. Y eso era lo que ella quería también, cruzar el muro que la separaba de la Alemania capitalista u occidental. Claro que sabía que esto no era fácil, y que cada vez eran menos los que lograban cruzarlo, a pesar de esto, sus intenciones no cambiaban, y cada vez estaba más decidida a cruzar la línea que la separaba de una libertad mayor a la que tenía. En un principio tenía pensado hacerlo sola, pero se conocía perfectamente y sabía que sería incapaz de separarse de sus padres, y de su hermana mayor. Finalmente, los cuatro abandonaron su hogar, con la ayuda de un concejal amigo de la familia. Las primeras semanas vivieron junto sus tíos, hasta que Rolf consiguió un empleo y pudieron alquilar una casa donde vivir los cuatro.
Cabe destacar que es descendiente directa de los Mayas, todos los descendientes de su familia han adoptado como primer o segundo apellido, incluso como ambos, los apellidos de sus antepasados, como es el caso de “Yeh”. Pero esto no es algo que se pasará a la siguiente generación.


Ernest Blaz Van Dijk Maier ●

Primogénito de una de las familias mágicas más importantes de toda la República Federal Alemana, y por ende, el heredero de una de las mayores fortunas de todo el país, incluyendo además la parte oriental. Aparentemente una familia perfecta, pero tan solo era una fachada, pues como bien dice el dicho “No es oro todo lo que reluce.” Las peleas familiares eran continuas, y las discusiones entre el matrimonio diarias. A esto se le debe añadir el ansia de poder que el pequeño de la familia tenía sobre la herencia, y el reconocimiento que su apellido le aportaba. Tal era su codicia que llegó, incluso, a tratar de asesinar a su propio hermano en varias ocasiones. Tras mucho pensarlo, y tras haber finalizado su séptimo y último año en Hogwarts, abandonó a su familia para irse a Londres, donde estudió el bachiller de derecho, tras acabar sus estudios superiores, regresó a Berlín. Su abuelo había fallecido unas semanas antes, y con la parte de la herencia que le correspondía se compró una casa en las afueras de la ciudad. Ni sus padres ni su hermano saben que ha vuelto al país, tampoco él se ha molestado en avisarles, pero sabe, que es mejor así, pues para Ernest, sus padres y su hermano, dejaron de existir años atrás.



Ilse Edith Amara Van Dijk Zimmerman ●
{En construcción.}


Heller Ancel Cort Van Dijk Zimmerman ●
{En construcción.}



Celeste Voissier : Más que una amiga, una hermana. Realmente sería complicado definir con palabras la amistad entre ambas, sencillamente porque ninguna podría expresarla ni en una milésima parte. Celeste, o Cels, es la única persona, aparte de Ilse, que sabe absolutamente todo sobre la rubia, sus miedos y temores, pero también sus deseos y metas. No hay nada que no le haya contado, porque para la Ravenclaw, ya no es una simple amiga, es una hermana de la que tan solo le separa la sangre que corre por sus venas. “Un hermano puede no ser un amigo, pero un amigo será siempre un hermano.” Y jamás podría haber estado más de acuerdo en algo. Para Raika, Cels es su otra mitad, si Celeste es feliz, ella también lo es, de la misma forma que si Celeste sufre, Raika sufrirá con ella.

Jessica Constantini: Amiga & Confidente. El hecho de no compartir casa no ha impedido que las horas compartidas durante las clases ayudasen a forjar la amistad que actualmente comparten. Para la rubia, Jessica es una persona de la cual no podría prescindir en ningún momento de su vida, la entiende y esto no es algo que muchos hayan intentado, ni tan siquiera, hacer. Podría decirse que conoce todo de ella, al menos todo lo que la Ravenclaw muestra, pues siempre quedarán esos pequeños detalles, que si bien puede parecer falta de confianza hacia la castaña, son simplemente eso, detalles que prefiere guardar para sí misma.
Actualmente, están algo distanciadas, concretamente desde el instante en el que la relación que Raika mantenía con Mathias tocó su fin, pues el joven slytherin era, y es, un buen amigo de la gryffindor, quién aún no entiende como han podido dejarlo después de un largo año. A pesar de esto, nadie puede negar que la amistad que las une sea inquebrantable, a la par que diferente y especial.

Frederick Woodward: Amigo & Compañero de casa. Apenas hace un año que la Ravenclaw conoce al joven Woodward. Claro que, al compartir casa ya lo había visto en múltiples ocasiones en la sala común, sin contar en el resto del castillo. Mas fue en su quinto año en Hogwarts cuando, a raíz de su entrada al equipo de quidditch, comenzaron a hablar. Para Raika, el castaño siempre ha sido un ejemplo a seguir en cuanto al quidditch se refiere, debido a esto se sentía, en cierto modo, cohibida ante su presencia, mas esto cambió rápidamente al comprobar que, a pesar de ser el capitán, era un buen amigo con el que poder pasar el tiempo haciendo cualquier cosa. Porque, al menos para ella, el tiempo que pasa junto a él parecen ser escasos minutos, le agrada su compañía y no la cambiaría ni por todos los galeones del mundo. En muy poco tiempo ha llegado a cogerle mucho cariño, tanto que incluso llega a asustarla, pues tiene varios amigos, pero ninguno puede compararse a Frederick, aunque, a pesar de esto, prefiere hacer como si nada de esto sucediese, pues desde su punto de vista es mejor dejar las cosas como están si estas van bien y jamás se perdonaría el ser la culpable de que esto cambiase.





{En construcción}

“Esta, es mi historia, la que yo decidí recordar,
con la memoria, el corazón.”

~

Nunca me había parado a pensar en mi pasado, al menos, hasta ahora. Me encontraba en mi cuarto, en unos días regresaría a Londres y debía preparar todo para el viaje. Había estado buscando mi pulsera por toda la habitación, maldije varias veces durante las dos largas horas en las que puse la habitación patas arriba. Unos libros por el suelo, los cd´s repartidos por encima de la cama y prácticamente toda la ropa tirada por doquier. Seguro que pensaréis que estoy mal de la cabeza, pero es que, ¡no puedo irme sin esa pulsera! Tiene un gran valor sentimental, no cabe duda, y es rara la vez que no la llevo en una de mis muñecas. Me la había regalado mi abuela en un mercado local, y desde entonces nunca la había perdido de vista, hasta hoy, claro está. Podía oír la voz de mi madre, repitiéndome una y otra vez que no pensaba recoger después todo aquello, ¡ni que se lo hubiese pedido! Haciendo caso omiso a sus palabras abrí uno de los cajones, en el cual aún no había mirado, creo. Pero en su lugar encontré una vieja caja de cartón. No podía ser cierto lo que mis ojos estaban viendo. Creía que mi madre la había tirado. Mi rostro era todo un poema. Para quienes no lo sepan, en esa caja había guardado decenas de objetos y textos, algún que otro juguete y el diario que escribía cuando era pequeña. En ella se encontraba recogida prácticamente toda mi infancia. Aún no podía dar crédito.


“El Señor Oso”

¿El Señor Oso? No pude evitar sacarlo de la caja. Ese muñeco de trapo había estado conmigo desde siempre, no recordaba un solo momento de mi vida que no hubiese pasado a mi lado. Mamá me había contado que mi tía me lo había comprado a los pocos meses de haber nacido, y desde entonces, no lo había soltado. Estaba como lo recordaba, ni una mota de polvo sobre su cuerpo de tela y algodón. Reí al recordar como mi madre había cosido una y otra vez el ojo derecho, el cual se caía cada dos por tres. Además, con el paso de los años había perdido el color original, pero eso nunca me había importado. Pude haber tenido miles de peluches, juguetes, o lo que sea, más, pero ninguno había sido tan importante para mí como el Señor Oso. Y, a pesar de que mis padres habían insistido cientos de veces en deshacerse de él y comprarme uno nuevo, yo nunca había querido. Ninguno podría reemplazarlo. Miles de imágenes se amontonaron en mi mente al observar de nuevo al muñeco. La primera vez que había dormido en una cama, y no en la cuna. “Ya eres una niña mayor” Me habían dicho mis padres antes de dejarme en mi nueva habitación. También había estado en mi primera noche fuera de casa, mis padres habían salido de viaje y no tenía más remedio que quedarme en casa de los abuelos. O en la guardería. Si, durante mis primeros años de vida asistí a una de las múltiples guarderías muggles de Hamburgo. En mi familia nunca se tuvo muy en cuenta si eras un sangre limpia o no, si eras mago o todo lo contrario. Pues, desde mi punto de vista, es un sistema que sigue las tendencias del nazismo. No me miréis así, ¿acaso no era pureza de sangre lo que ellos buscaban? ¿O es que los judíos no representaban el mismo papel que los sangre sucia? Todos son iguales, no importa la magia que puedan poseer unos. Ambos siguen los mismos ideales, unos ideales que, directamente, están de más en el mundo. Con lo fácil que sería que todos nos llevásemos bien, sin importar la sangre que corriese por nuestras venas. Ni que fuesen superiores, claro que, eso es lo que ellos se creen. Asco sería el mejor adjetivo para describir lo que siento hacia ellos. Respiré. Sería mejor que no pensase más en eso por ahora, el pobre muñeco no tenía la culpa de nada, pues sin darme cuenta, mis manos estaban casi estrangulándole, y el ojo de plástico amenazaba con caerse de nuevo. Sonreí, y lo dejé a mi lado, mientras miraba el interior de la caja.


"¡Foto de familia!"

Tras dejar al señor oso, mis manos buscaron de nuevo entre los objetos que había en la caja, entre ellos pude ver una fotografía. No tardé ni dos segundos en cogerla. Recordaba a la perfección el día en el que nos la habíamos sacado. Había sido mi primer viaje a la Rivera Maya, donde vivían mis abuelos maternos. Tendría sobre unos seis o siete años, no más. Recuerdo como todo me había llamado la atención. Pero no era para menos, estaba acostumbrada a las ruidosas calles de Hamburgo, a los altos edificios y, sobre todo, al movimiento, pues en la ciudad todo parecía ir a cámara rápida, y también parecía que todo el mundo llegaba tarde a cualquier parte. Nadie paraba a hablar, ni tan siquiera a saludarse, la educación brillaba por su ausencia y en su lugar se encontraban los codazos y los empujones. En cambio, allí todo era completamente diferente. Todos se conocían entre sí, no importaba la prisa que se pudiese tener, siempre había tiempo para hablar con un amigo o para saludar a algún que otro conocido. Si, puede decirse que desde la primera vez que posé mis pies sobre aquellas tierras, me enamoré por completo de todo lo que me rodeaba. Me pasaba las mañanas en el hotel, que mis abuelos llevaban desde hacía unos años, y las tardes en las playas que lo rodeaban. Nada podía ser mejor que aquello, y a día de hoy aún no he encontrado ningún lugar del mundo en el que me encuentre mejor, y dudo que lo encuentre. Ahora que lo pienso, hacía casi un año que no iba, pero desde que habían comenzado mis clases en la universidad mi tiempo libre se había reducido a la mitad, y en las vacaciones solía aprovechar para adelantar materia o estudiar temas atrasados. Junto a esta había un par de fotos más, en una de ellas estábamos Ilse, Heller y yo. Como no, me encontraba aplastada, literalmente, entre ambos. Reí. Ese día habíamos bajado a la playa que estaba justo frente al hotel. Y, sin quererlo, entre esos dos bestias que tengo como hermanos me enterraron en la arena. Esa imagen quedó impresa en otra fotografía, recuerdo exactamente el momento en el que Heller había dicho “patata”. Reí al recordarlo, claro que en ese momento lo único que mi rostro mostraba era la rabia que sentía con unos cuantos kilos de arena sobre mi cuerpo. Dejé de nuevo las fotografías en la caja. Debería buscarles un álbum, no merecían estar guardadas en una caja.


"La caja de música"
En Construcción.


"¡El diario!"
En Construcción.


"Matemáticas Aplicadas"
En Construcción.



[ ... ]






Estudió en el Ephraim Lessing School, un reconocido colegio muggle en Alemania, hasta los once años, pues fue entonces cuando comenzó sus estudios en Hogwarts. Fue seleccionada para la casa de Ravenclaw.
Desde que tiene uso de razón se muerde las uñas cuando está nerviosa o impaciente por algo, ha intentado dejar de lado este mal hábito con la ayuda de diferentes productos, tanto muggles como del mundo mágico, pero aún no lo ha logrado.
En contadas ocasiones rechazaría una invitación a una fiesta, a pesar de que no es de las que beben hasta perder cualquier tipo de sentido, claro, si es que lo tienen, pues desde su punto de vista no hace falta estar en un estado tan deplorable para poder divertirse.
Además del alemán, su lengua materna, la rubia domina el inglés a la perfección, idioma con el que ha convivido desde que dijo sus primeras palabras. Ya en la escuela comenzó a tomar clases de francés, que, aunque no lo domina tanto como el inglés, puede defenderse perfectamente. También conoce el español, pues una gran parte de su vida la ha pasado en tierras hispanoamericanas.
En su quinto cumpleaños sus padres le regalaron un piano de cola, pues meses atrás había comenzado a dar clases de dicho instrumento. Pero en realidad, siempre se decantó más por el clarinete, no por nada en especial, simplemente la melodía producida por este instrumento lograba relajarla y calmarla. Por ello, todos los veranos, después de haber comenzado a asistir a Hogwarts, tomaba clases en una escuela de música que había a unos pocos kilómetros del hotel de sus abuelos.[font=Verdana] Nació en Hamburgo, Alemania.
Tiene dos hermanos mayores, Heller, dos años mayor que ella, y Ilse, cuatro años mayor.
Tiene un tatuaje con forma de salamandra y un piercing en el ombligo. Le encanta el dibujo, sobre todo el dibujo técnico, podría pasarse horas dibujando sin cansarse.

Desde hace unos años practica surf, se podría decir que es uno de sus deportes predilectos.
Le encanta la danza, tanto clásica como moderna, y, junto a su hermana mayor
solía practicarla todos los veranos, cuando iba a pasar las vacaciones a Alemania, pero no deja que nadie, salvo Ilse,
la observe mientras baila.
Cuando aún estaba en Hogwarts, en 5º Curso, perdió una apuesta con su hermano, a raíz de esto tuvo que teñirse el cabello de rosa durante dos largos meses.
{ ҳ̸Ҳ̸ҳ }


ҳ̸Ҳ̸ҳ Álbum de Fotos. ҳ̸Ҳ̸ҳ

Thread: " Expulsada".

{ Primer Miércoles de Septiembre | 16:49 h. |6ºC. }
Privado :: Jeanne Basquiat.



Increíble, asquerosa pero jodidamente increíble. La habían expulsado de Pociones y todo por culpa de ese maldito Slytherin, ¿quién se creía que era para decirle que no pintaba nada en Hogwarts? Ni que fuese un delito ser mestizo entre esas cuatro paredes. Por Merlín. Incluso dudaba de su sangre fuese completamente pura. En fin, por más que lo había evitado y por más que había tratado de hacer oídos sordos ante las palabras de ese joven, no pudo evitar responderle tras varios minutos. ¿Quién carajo se creía que era? ¿Salazar Slytherin? ¿Acaso Lord Voldemort? Por favor, esas gilipolleces habían quedado en el pasado, pero claro, eran gilipolleces, y siempre tenía que haber cuatro gilipollas que siguiesen creyendo en ellas. Patético, sencillamente patético que aún existiesen magos y brujas que siguiesen esos ideales. Tras coger sus materiales y guardarlos en su mochila, respiró para así tratar de tranquilizarse, aunque eso fuese realmente difícil. Miró por última vez al profesor, que había comenzado de nuevo a seguir con la clase, y abandonó la mazmorra, cerrando la vieja puerta tras ella.

Al menos había tenido la oportunidad de decirle todo lo que quería, sin importarle quién estuviese presenciando la escena, si, al menos había quedado a gusto consigo misma y eso era lo que ahora mismo le importaba. Ya que la habían expulsado –por primera vez- de una clase, que al menos hubiesen tenido motivos. Miró hacia atrás por un momento al sentir como la puerta se abría y cerraba de nuevo. Volvió a mirar al frente sin dejar de avanzar a través del frío pasillo. No tenía absolutamente nada que decirle, ya se lo había dicho minutos atrás, no pensaba repetir palabras que, aunque le jodiese, no le afectaban en lo más mínimo. Así pues, mientras que el slytherin seguramente regresó a su sala común, la rubia se dirigió directamente a la primera planta, no tenía ni idea que hacer, pues esa era su última clase, pero aún quedaba bastante para la hora de la comida, por lo que era una tontería ir ya al gran comedor. Maldito slytherin.

Sin pensárselo mucho abandonó el castillo para dar una vuelta por los jardines, quizás así se despejase un poco y se olvidase de lo vivido durante la clase. No fue a la sala común para dejar su mochila y así no tener que cargar con ella, tampoco es que le molestase en exceso, apenas llevaba un par de libros, un par de pergaminos y una pluma. Se alejó lo más que pudo del castillo hasta encontrar un árbol, esa noche no había llovido, por lo que podría sentarse recostada sobre él sin después tener que levantarse con la falda mojada. Finalmente, sacó el libro de defensa contra las artes oscuras y se sentó apoyando su espalda en el árbol. Podría aprovechar para practicar lo aprendido ese día.

Thread: "Por Merlín(?)"

{ Tercer Viernes de Septiembre | 16:59h. | Suaves Vientos & Posibilidad de Ligeras Lluvias }
Privado ;; Lillian Potter


Al menos, ya era viernes. Pensó la Ravenclaw al ver la increíble cantidad de tareas que ese mismo día les habían mandado, como si no fuesen ya suficientes todas las que había pendientes. Cogió los libros necesarios, además de varios pergaminos y plumas, y salió de su habitación camino de la sala común. Apenas había un par de alumnos de segundo año, así que no correría el riesgo de ser molestada por nadie. Posó todos los materiales que había sobre una de las múltiples mesas que había repartidas por la sala común y se acomodó en su silla correspondiente. Seguramente la biblioteca era el mejor lugar para esto, pero cuando esta estaba medianamente llena no había mejor lugar que la sala en la que la rubia se encontraba, siempre que esta estuviese más o menos vacía o, si era posible, con todos los presentes realizando también sus tareas o estudiando y, por ende, en silencio. No tenía ni las más mínimas ganas de hacer ningún tipo de tarea, ni tan siquiera de Defensa contra las artes oscuras, su materia favorita. El cansancio, ya habitual en su día a día, no hacía más que disminuir su concentración en las clases y, por ende, no le resultaba tan sencillo como antes dar solución a los múltiples problemas que representaban los diferentes ejercicios y trabajos. Suspiró, debería comenzar ya o no lo haría nunca, mas parecía que ese día la suerte no estaba de su lado. En el mismo instante en el que iba a empezar a escribir la respuesta a la primera tarea, algo, o alguien, la arañó en el tobillo.

Ciertamente resignada ante dicha distracción, bajó la mirada hacia su tobillo. -¡Nisha!- Exclamó al verla bajo la mesa. Juraría haber cerrado la puerta de la habitación, justamente para que no se escapase. Seguramente la habría seguido y, debido a su minúsculo tamaño, ni se había dado cuenta de ello. Se agachó lo suficiente como para cogerla y la acomodó sobre sus propias rodillas. Sonrió al notar como ronroneaba y trataba de medio esconderse en la túnica. La acarició por última vez antes de volver a ponerse con las tareas. Mas no pasó mucho tiempo hasta que fue molestada de nuevo. Varios alumnos de su mismo curso entraron en la sala común haciendo el suficiente ruido como para que Nisha saltase de entre sus rodillas y saliese corriendo. Por desgracia, no habían cerrado la puerta, y la gata no dudó en salir por ella. Raika se levantó todo lo deprisa que pudo y, dejando todas sus cosas allí mismo, salió de la sala no sin antes dar un codazo a uno de los alumnos que habían entrado y que se encontraba más cerca de la puerta. - Para otra vez cierra la puerta, imbécil.- Vale, ya habían conseguido enfadarla. Por suerte, logró verla antes de que comenzase a bajar las escaleras. La siguió de forma que no comenzase a correr, pues de esa forma si que no la encontraría y era demasiado pequeña como para andar sola por el castillo. Una vez en la planta inferior, entró en el aula en el cual había la había visto entrar, una vez dentro, cerró la puerta para que así no tuviese una nueva oportunidad de salir corriendo. Con calma se acercó a ella y la cogió entre sus brazos. – No me hagas pasar otra vez por esto, Nisha. – Dijo aun sabiendo que no entendería absolutamente nada de lo que estaba diciendo. Se sentó en el suelo utilizando la pared como respaldo, dobló sus rodillas hacia arriba y dejó que Nisha se tumbase en el espacio que había dejado, cubriéndola después con su propia túnica. Adoraba a esa gata.

Es ahora, o nunca. Thread (6)

13) Fred

Aún recordaba cuando uno de sus amigos le soltó como un balde de agua fría que era bastante obvio que algo le pasaba algo con una chica. En esas épocas, apenas comenzaba a mirarla de otro modo, incluso aunque ya era ciertamente intenso lo que sentía. Como siempre decía o pensaba, no sabría decir con exactitud cuál fue el momento preciso o exacto en el que pasó de ver a Raika como una amiga más, a volverse la dueña de sus pensamientos. Asumía que había sido algo más bien paulatino, un sentimiento que fue creciendo con lentitud, de tal modo que ni él pudo haberse dado cuenta que le gustaba hasta que rozar sus manos se volvió un silencioso placer. A veces se acordaba de cuando estar junto a ella era normal, cuando todavía lo único que sentía era probablemente una pequeña atracción que justificaba con simpleza. Después de todo, ella era atractiva, hermosa de hecho, y pasaban mucho tiempo juntos. Más esa justificación se volvió rápidamente muy débil. Sinceramente, reconocer lo que le pasaba con ella le había traído muchos dolores de cabeza. Le era gracioso recordar la manera en la que analizaba todo al principio, tratando de encontrar el por qué de sentirse así. Su preocupación principal, y la que todavía lo atormentaba, era la pérdida de su amistad. Y quizá esa fue la razón de sus jaquecas. Aún así, ahora Fred era más liberal. No era tan analítico, leer un libro ya no le bastaba, sino que quería vivir la experiencia. Con Raika le pasaba lo mismo. A lo largo de los últimos meses, la idea de finalmente decirle la verdad había sido más que tentadora, había pasado a ser una posibilidad. Pero se echaba para atrás en el último minuto. La escuchó hablar, y acompañó su risa con la suya. Acosarla no estaría muy lejos de lo que ya hacía en verdad. Compartían tanto tiempo juntos, que ni siquiera él mismo se daría cuenta de que la estaría persiguiendo a todos lados. – Una vez más, debo admitir que tienes razón. – Sonrió divertido, mientras ladeaba levemente el rostro. – Pero tranquila, incluso aunque no te des cuenta, no te acosaré.

Lamento destruir tu egocentrismo, Rai, pero no es la fiebre lo que me hace delirar. Adjudico las incoherencias a mi personalidad. – Sonrió burlón, para pasarse una mano por su cabello y despeinarlo por inercia. Era tan fácil ser solo un amigo para ella, que a veces se reprendía así mismo por sentir lo que sentía. Después de todo, el que estaba poniendo en riesgo momentos como el de aquel instante, era solamente él. El estar tan próximo a ella ahora, el haber tomado la iniciativa él, parecía tan correcto. Sus labios lograron moverse apenas unos segundos sobre los de ella, cuando la blonda volvió a separar el contacto. Sintió sus manos en su cuello, pero trató de alejar su rostro del del suyo, confundido. Alzó sus ojos hacia ella, tragando saliva, sin saber si quería escuchar lo que ella podría decirle. ¿Qué eran amigos y aquello había sido un error? Sin embargo al escucharla, no supo qué decir. Él había sido el que la había besado ahora, ¿Cómo podía incluso pensar que él no quería hacer nada de eso? Sintió entonces el calor de su mejilla debajo de sus dedos, y tras desviar por unos segundos su mirada hacia esta, notó como tomaba un color carmín. – Raika.. – Volvió a repetir su nombre, frunciendo levemente su ceño, intentando encontrar las palabras adecuadas, juntarlas y formar una oración coherente. – No es que quiera gastar tu nombre ni nada.. – Adhirió, siendo consciente de la cantidad de veces que la había llamado por su nombre ya. Sonrió débilmente unos segundos, nervioso. Aquel era un momento decisivo, decirle la verdad. Es ahora, o nunca, pensó. – Yo.. Yo quiero esto. Lo he querido por mucho tiempo.. – Susurró lo último, algo avergonzado, mientras dejaba caer su mirada unos segundos antes de volver a mirarla, con cierta decisión en el brillo de la misma. – La que no tiene que hacer esto si no quiere, eres tú. No.. Nunca quise que te sintieras obligada a nada, ni que entre nosotros nada cambiara solo porque yo.. – Se detuvo antes de seguir hablando. Supuso que el resto ya era bastante obvio, y estaba demasiado inquieto mentalmente como para decirlo en voz alta.







14) Raika

Presente, pasado y futuro. No dudaba que debía vivir el presente y más cuando este se amoldaba perfectamente a lo que ella más deseaba en ese momento. Pero también era consciente de que este siempre se veía afectado tanto por el pasado como por el futuro. Los errores vividos, a pesar de servir para no volver a cometerlos, eran, en cierto modo, un freno que trataba de no volver a caer dos veces con la misma piedra. Sin duda, su piedra particular había sido Mathias Walden. No es que lo considerase un error, había sucedido y punto. Le había querido, si, pero no tanto como imaginaba, es más, ahora que lo veía desde un punto de vista medianamente objetivo y tras haber dejado que el tiempo hiciese su trabajo, se daba cuenta que lo que había sentido hacia el slytherin había sido poco más que una amistad, sumándole a esta la atracción que había experimentado hacia el castaño. Era ahora también cuando se daba cuenta de que el verdadero motivo por el cual le había dejado no era su gran egocentrismo, su amor hacia sí mismo o los celos que podía llegar a mostrar. Fred había tenido su parte de culpa también, nunca antes había reparado en ello, al menos no conscientemente. Ahora, estando a su lado, recordaba la ira que recorría su cuerpo cada vez que cualquier chica se acercaba a él, aunque tan solo quisiese pedirle una pluma o un libro. También esa facilidad con la que su mente comenzaba a encontrar defectos en cada una de ellas. Como si ella fuese perfecta. Rio para si misma al recordar esto, le parecía todo tan absurdo, patético e infantil que solo el hecho de pensar que realmente todo había sucedido, le avergonzaba de sobremanera. Al menos, había superado eso, ¿o no? No, definitivamente no, a pesar de tener diecisiete años y ser, supuestamente, una joven madura e inteligente, no podía evitar sentir cierto recelo hacía todas esas chicas, a pesar de no tener ningún derecho para hacerlo. Al fin y al cabo, era la vida de Fred, no la suya. Tampoco tenía motivos para sentirse así, el Ravenclaw era su amigo, nada más. Despertó de su trance cuando Frederick habló de nuevo, instintivamente sonrió al escucharle. – Y yo voy a acabar creyendo todo lo que digo si sigues dándomela.- respondió riendo. Obviamente eso no sucedería pues si había algún calificativo que no encajase para nada con la rubia, ese era egocéntrica, o tal vez creída, de todas formas, ni sigue ni seguirá ninguno de esos patrones.

-Mi egocentrismo está bien cuidado, pocas palabras pueden dañarlo así como así.- respondió irónicamente pero sin dejar de reír. No podía ni tan siquiera imaginarse a sí misma bajo esa característica. Para nada, incluso era quizás demasiado modesta en ocasiones. No le agradaba el hecho de jactarse por méritos que no siempre tenían porque ser propios, algo que para otros era tan fácil como respirar o caminar. Simplemente, no se sentiría cómoda actuando así. Los siguientes segundos fueron ciertamente confusos para ella, pues desconocía por completo lo que podía o no pasar a partir de ese momento, y el no saber no era una sensación la cual quisiese experimentar y mucho menos en una situación como la actual. Aún así no podía apartar su mirada de Fred, de la misma forma que no pudo evitar morderse el labio cuando este pronunció de nuevo su nombre. Estaba nerviosa, demasiado nerviosa como para poder pensar con claridad. Tratando de pensar con objetividad, vio todo aquello como una partida de ajedrez, una partida de ajedrez en la que había dejado expuesta a la reina, sin motivos aparentes, pero con la sensación de poder ganar esa partida. Ridículo, lo viese de la forma que lo viese, no podía no sentir ganas de patearse a sí misma. Sonrió cuando comentó que no quería gastar su nombre, pero las palabras no llegaban a sus labios, ni tan siquiera creía que sus cuerdas vocales fuesen capaces de decir hola en ese preciso momento. Aunque puede que tampoco hubiese encontrado palabras adecuadas o, como mínimo, coherentes. Quizás eso de ser rey de tu silencio es mejor que ser preso de tus palabras sea cierto, pero en ese momento, no lo veía así, prefería hablar, decir lo que sentía, si quería hacerlo, ese era el momento y no quería desaprovecharlo, no quería arrepentirse más tarde de haberse callado. Escuchó cada palabra del castaño más no dijo nada, no aún. Sonrió, deseando decirle demasiadas cosas, tantas que ni siquiera ella era capaz de asimilarlas en ese momento, así pues, simplemente acercó de nuevo su rostro al suyo y le besó. Mas fue un beso corto, quería responderle, y sabía que de no hacerlo en ese momento acabaría por olvidarlo o dejarlo pasar y no quería que eso sucediese. Por ello, nuevamente se apartó. –Yo… yo también quiero esto y… lo llevo queriendo desde hace tiempo aunque tardase en darme cuenta de ello.- Respondió posando su mano derecha sobre la que Frederick tenía libre.

Matthew, Göran, Fred & Raika. *-*

Goran: fino7
Matthew: -_´k2
Goran: Aburrido deox
Matthew: -zape(?
Goran: Oye, tú -_'
Matthew: -_´
Goran: EEH!*
Matthew: -avada-(? JAJA
Goran: Cobarde muajaja
Matthew: deox
Goran: mimito
Matthew: Mete tu mano en otro sitio, Goran -_´
Goran: *Mete mano a Fred*
Fred: '-'
Rai: OHH
Goran: EEH!*
Fred: o-o(?
Rai: F-Fred T0Tbang
Goran: No me mires así e-e
Fred: R-Rai '-'Bang No te miro de ningún modo p1
Rai: snifsnifbang
Goran: Si que lo haces fino1
Fred: OOH -se va con Raika- OOH Consíguete un árbol, Goran -_´ (?
Rai: *abraza a Fred* T0T
Goran: Tú eres mi árbol, fiera e-e
Fred: -la abraza y se la lleva- Vete a recoger margaritas, Goran deox
Rai: -Mira mal a Goran- posno!
Goran: Siempre y cuando tú seas una fino1
Fred: Juro que haré que mi varita sea parte de tu cuerpo en cualquier momento deox
Goran: Si, y además duermes conmigo cada noche, no te flipes Woodward -_' *bipolar(?)**
Fred: Yo no flipo, tú eres el de las margaritas, pequeña Blancanieves mimito
Goran: Y tú un enanito -_'
Fred: Ya, ya. No quiero que sobre-utilices tu cerebro para formar respuestas taaan irónicas mimito
Goran: Habló RoWena en persona -_'
Fred: Conozco mis límites, margarita no_
Goran: Claro mimito
Fred: Ve a juntar flores y observar unicornios saltar de arcoiris en arcoiris mimito
Rai: F-Fred OOH
Goran: Ya te dije, si tu fueses una flor, iría e-e
Fred: R-Rai OOH E-Es él el que jode con su retraso mental p1
Rai: P-Pero no te rebajes a él OOH
Goran: Retrasado tú, aguilitadeox *Se lleva a Raika* Ves, ni te enteras deox
Fred: N-No OOH *vuelve a tomar a Raika* Tócala de nuevo y te arrepentirás -_´
Rai: '-'
Goran: *Toca* -_'
Fred: -suspira- Raika, nos vamos o termino metiéndole la varita por cualquiera de sus orificios u_ú
Rai; Mejor*---* *Lo arrastra fuera de allí* lila.
Goran: Mejor omito la respuesta -_^
Fred: Si u_u -se va no sin antes p1(? a Goran-
Rai: Bienwee
Goran: Si, si, ya me mirarás de otra forma e-e
Fred: Si wee -yoga-(?
Rai: -Le abraza- mimito
Fred: -devuelve- u__ú
Rai: No te preocupes mimito
Fred: No lo hago uUEe
Rai: E-Entonces que te pasa T0T?
Fred: N-Nada OOH -la abraza-
Rai: B-Bueno*---*
Fred: *-* -se la lleva- LALA*
Rai: *---* -Se deja llevar- wee







viernes, 10 de diciembre de 2010

Es ahora, o nunca. Thread (5)

11) Fred.

Ahora que lo pensaba o comparaba, realmente jamás había tocado temas muy profundos con ella. Probablemente era por su culpa. Después de todo, hablando de temas en los que él se sentía cómodo o le apasionaban, como el Quidditch, la literatura o lo que fuese, lograba que la presión de estar hablando con ella aminore. Que por segundos al menos pudiese realmente cumplir el papel, el rol de amigo. Ser eso para ella, lo que necesitara en el momento. Había días en los que se preguntaba qué sucedería si se lo dijera. ¿Realmente sería el fin de la amistad? A veces incluso al pensar en eso se sentía algo extremista. Después de todo, y más aún con las palabras que Raika le había dicho, ¿No sería más fuerte la relación que tenían que un sentimiento platónico, unilateral, que podía incluso ocultar de sentirse incómoda? Pero al final del día, todo se resumía o acababan siendo preguntas que se hacía él mismo. Hipótesis o teorías que quedaban en la nada, porque incluso si alguien le asegurara que nada malo podría pasarle a su amistad, internamente sabía que no era lo suficientemente valiente para exponer del todo sus sentimientos. No le importaba la vulnerabilidad, ni salir lastimado. Él había sido testigo de muchos lazos entre personas que se rompían cuando el afecto o atracción no era mutuo. Él había sido parte de uno, con una de sus amigas más allegadas. No la había pasado bien teniendo que rechazarla, ni mirarla a los ojos luego sabiendo que no podría corresponderle. Entonces llegaba a la conclusión de que no quería formarle ese peso a nadie, muchísimo menos a Raika. Tragó nuevamente saliva, mientras sentía un cosquilleo incómodo en su estómago. De poder hacerlo, se patearía por ser tan infantil. – Pues eso podría arreglarse. Podría acosarte si quisiera, no me sería tan difícil ni desagradable. – Sonrió de medio, y rápidamente frunció las cejas. – Quiero decir, que no me costaría, no sería nada desagradable porque justamente, sería fácil.. y.. eso... – Mejor me callo, pensó casi divertido. Tenía dieciocho años y parecía de catorce. La blonda tenía tanto control sobre él, y ni siquiera lo sabía. Guardó silencio por unos momentos, mientras permitía que su mente se vaciara de cualquier cosa para simplemente volver a relajarse.

Escuchó su risa, y se sintió contagiado, por lo que sonrió ampliamente. Estaba tan perdido, se hundía en el sentimiento que ella le provocaba cada vez más, y no sabía como salir de él. No quería salir de él. ¿Desde cuando se había vuelto tan ignorante, tan masoquista? Lo peor era que, incluso siendo inteligente, sabiendo qué es lo que sería mejor, estar enamorado de ella era tan fácil como respirar. Cada vez la miraba, se preguntaba así mismo cómo podría no estarlo. Sacudió su cabeza, y chasqueó la lengua mientras mantenía una sonrisa plegada en sus labios. Rió débilmente, logrando que sus hombros se movieran como efecto de lo mismo. – Por supuesto que no está ardiendo, tú tienes fiebre y es tu mano la que está caliente. – Bromeó divertido, sabiendo que no tenía ni pies ni cabeza lo que acababa de decir. ¿Pero qué más daba? Exhaló aire, el cual por primera vez en aquella madrugada se volvió vaho, tomando visualmente el aspecto de humo gris. Podrían estar congelándose ahora mismo, que el castaño no se hubiese dado cuenta. Estaba demasiado vacío de pensamiento o razón en esos instantes, en donde sus dedos se habían entrelazado finalmente con los de la rubia. Escuchó que murmuró algo, no fue una palabra, pero creía que de haberlo sido no la hubiese escuchado. Volvió a relamer su labio inferior, antes de alzar de una vez su rostro y fijarlo en ella. Y aquel momento creía que fue el primero en su vida en que su respiración se cortó sin ser él consciente de ello, sin haberlo querido así. Fue un acto reflejo. Estaban cerca, demasiado cerca. Atinó a retroceder, a decir algo. Mover algún músculo de su cuerpo. Lo que fuese. Pero no pudo, estaba completamente paralizado, pero de una forma tan natural que ni siquiera parecía tenso. Como si la cercanía de sus rostros y de sus cuerpos fuese habitual, perfecta. Y de hecho, se sentía así. Y entonces, sin darse cuenta, imitó el movimiento que ella realizó, acercándose más hacia él. Cerró sus ojos, y dejó que sucediera. El contacto de sus labios sobre los suyos, incluso aquel roce, logró que cualquier otra descarga eléctrica quedase en la nada comparada a la actual. Apenas pudo reaccionar al beso, cuando este terminó. Sintió como Raika apartaba su rostro, y sus labios amenazaron con curvarse hacia arriba, pero volvieron a neutralizarse antes de que sus ojos azules volvieran a mirarla. Le había besado. Ella a él, de un modo u otro, ella.. ¿Era posible? Escuchó como se disculpaba por algo que él quería volver a hacer. No estaba seguro de cómo, ni de dónde surgió el impulso repentino. Pero Frederick quitó su mano debajo de la de ella, y la situó en su mejilla, deslizando sus dedos por detrás de su cabello. Sin dejar de mirarla a los ojos, asintió, primero lenta y muy levemente, para luego continuar haciéndolo mientras ahora él se acercaba a su rostro. – Te perdono. – Susurró sobre sus labios antes de besarla, esta vez, dejando el roce de labios anterior olvidado.





12) Raika.

A medida que pasaba el tiempo, las temperaturas descendían ligeramente, aunque Raika apenas se había dado cuenta de ello, claro que, ni tan siquiera era consciente del frío que hacía realmente a esas horas y en los exteriores del castillo, ni su mente ni su cuerpo estaban pendientes de ello. Tal vez porque si así fuese, se vería obligada a acortar el tiempo que estaba pasando junto a Frederick, y por nada del mundo quería eso. El campo de juego había quedado completamente helado, al menos eso era lo que creía, pues aunque no tuviese ningún tipo de problema con la vista, desde esa altura y con la escasa luz de la luna no podía asegurar nada. Eso sí, tampoco, no sería ella quien bajase a comprobarlo. Miró de nuevo a su compañero, jamás habría llegado a imaginar que tenerlo tan cerca fuese a ser tan complicado para ella. Quería decirle tantas cosas, o simplemente resumírselo en dos palabras, pero también era consciente de que no eran tan solo sus sentimientos los que ponía en juego, sino que también estaba la amistad que ambos habían compartido durante tanto tiempo. No quería perderle, mil veces preferiría tener que seguir así a que él le negase la palabra, por ejemplo, o que la ignorase por completo. Si, también sabía que no tenía porque ser así, pero para no meter la pata, lo mejor era llevarlo al extremo, o así lo veía ella. Olvidando por un momento el lío que poco a poco se estaba formando en su cabeza, volvió al mundo real, en el cual Fred había comenzado a hablar de nuevo, dando respuesta a su última pregunta. Rió cuando este dejó de hablar. Realmente no le importaría que así fuese, aunque dudaba de que pudiese llegar a considerarse acoso. No, no podría ser acoso, no cuando ella misma era la principal beneficiaria. – No te engañes Fred, cualquier cosa que pudieses llegar a hacer no sería considerada acoso. – Sonrió tras unos segundos. – Es matemáticamente imposible, créeme.- Añadió frunciendo el ceño para después reír de nuevo. –Es más, ni me daría cuenta de ello.- Y era verdad, pero él no tenía porque saber el fondo que verdaderamente llevaba esa respuesta, ¿no?.

-Insisto, aquí el único que tiene fiebre eres tú, ¿no lo ves? Incluso estás delirando al decir eso. –Respondió sin poder contener la risa, no por lo que acababa de decir, sino por la situación en la que se encontraban. Debería ser siempre así, tan fácil, tan sencillo. Sin tener nada más en lo que pensar o preocuparse. Simplemente divertirse con su amigo. Se pateó a si misma por pensar en esa última palabra, pues si bien eso es lo que eran, amigos, y a pesar de poder vivir con ello, decirlo, o en este caso, pensarlo, era algo muy diferente. – Y no, no busques una nueva forma de negarlo, sabes que tengo razón, es más, es obvio que la tengo. –añadió sin dejar de reír. Le era tan fácil ser ella misma, tal y como era, en ese tipo de situaciones, que no podía desear otra cosa aparte de que siempre fuese así. Aunque eso fuese irremediablemente imposible. De nuevo una descarga eléctrica se apoderó de su cuerpo cuando Frederick llevó su mano a su rostro. No se había esperado esa reacción por su parte, pero aún creía que había estado mal lo que había hecho escasos segundos antes. Y, a pesar de esto, no se movió ni un solo milímetro cuando el castaño comenzó a acercarse a ella de nuevo, no porque no quisiese, que no quería, sino porque su cuerpo se había quedado prácticamente inmóvil. Más por inercia que por iniciativa propia escuchó su respuesta, habría respondido, o al menos habría intentado buscar una respuesta, de no ser porque la escasa distancia que les separaba era ya inexistente. Automáticamente posó ambas manos sobre el cuello de Fred. Y, a pesar de no saber si estaba haciendo bien, no iba a ser ella quien rompiese el contacto que ahora les unía. Pero un pensamiento cruzó su mente de repente.- Fred…- susurró contra sus labios antes de separarse unos centímetros de ellos y apoyar su frente sobre la del castaño.- N-No tienes porque hacer esto sino quieres…- Dijo, sintiendo como el calor se acumulaba en sus mejillas. No quería, ni permitiría, que se viese obligado a nada, aunque quisiese creer que no era así.



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