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sábado, 25 de diciembre de 2010

Es ahora, o nunca. Thread (6)

13) Fred

Aún recordaba cuando uno de sus amigos le soltó como un balde de agua fría que era bastante obvio que algo le pasaba algo con una chica. En esas épocas, apenas comenzaba a mirarla de otro modo, incluso aunque ya era ciertamente intenso lo que sentía. Como siempre decía o pensaba, no sabría decir con exactitud cuál fue el momento preciso o exacto en el que pasó de ver a Raika como una amiga más, a volverse la dueña de sus pensamientos. Asumía que había sido algo más bien paulatino, un sentimiento que fue creciendo con lentitud, de tal modo que ni él pudo haberse dado cuenta que le gustaba hasta que rozar sus manos se volvió un silencioso placer. A veces se acordaba de cuando estar junto a ella era normal, cuando todavía lo único que sentía era probablemente una pequeña atracción que justificaba con simpleza. Después de todo, ella era atractiva, hermosa de hecho, y pasaban mucho tiempo juntos. Más esa justificación se volvió rápidamente muy débil. Sinceramente, reconocer lo que le pasaba con ella le había traído muchos dolores de cabeza. Le era gracioso recordar la manera en la que analizaba todo al principio, tratando de encontrar el por qué de sentirse así. Su preocupación principal, y la que todavía lo atormentaba, era la pérdida de su amistad. Y quizá esa fue la razón de sus jaquecas. Aún así, ahora Fred era más liberal. No era tan analítico, leer un libro ya no le bastaba, sino que quería vivir la experiencia. Con Raika le pasaba lo mismo. A lo largo de los últimos meses, la idea de finalmente decirle la verdad había sido más que tentadora, había pasado a ser una posibilidad. Pero se echaba para atrás en el último minuto. La escuchó hablar, y acompañó su risa con la suya. Acosarla no estaría muy lejos de lo que ya hacía en verdad. Compartían tanto tiempo juntos, que ni siquiera él mismo se daría cuenta de que la estaría persiguiendo a todos lados. – Una vez más, debo admitir que tienes razón. – Sonrió divertido, mientras ladeaba levemente el rostro. – Pero tranquila, incluso aunque no te des cuenta, no te acosaré.

Lamento destruir tu egocentrismo, Rai, pero no es la fiebre lo que me hace delirar. Adjudico las incoherencias a mi personalidad. – Sonrió burlón, para pasarse una mano por su cabello y despeinarlo por inercia. Era tan fácil ser solo un amigo para ella, que a veces se reprendía así mismo por sentir lo que sentía. Después de todo, el que estaba poniendo en riesgo momentos como el de aquel instante, era solamente él. El estar tan próximo a ella ahora, el haber tomado la iniciativa él, parecía tan correcto. Sus labios lograron moverse apenas unos segundos sobre los de ella, cuando la blonda volvió a separar el contacto. Sintió sus manos en su cuello, pero trató de alejar su rostro del del suyo, confundido. Alzó sus ojos hacia ella, tragando saliva, sin saber si quería escuchar lo que ella podría decirle. ¿Qué eran amigos y aquello había sido un error? Sin embargo al escucharla, no supo qué decir. Él había sido el que la había besado ahora, ¿Cómo podía incluso pensar que él no quería hacer nada de eso? Sintió entonces el calor de su mejilla debajo de sus dedos, y tras desviar por unos segundos su mirada hacia esta, notó como tomaba un color carmín. – Raika.. – Volvió a repetir su nombre, frunciendo levemente su ceño, intentando encontrar las palabras adecuadas, juntarlas y formar una oración coherente. – No es que quiera gastar tu nombre ni nada.. – Adhirió, siendo consciente de la cantidad de veces que la había llamado por su nombre ya. Sonrió débilmente unos segundos, nervioso. Aquel era un momento decisivo, decirle la verdad. Es ahora, o nunca, pensó. – Yo.. Yo quiero esto. Lo he querido por mucho tiempo.. – Susurró lo último, algo avergonzado, mientras dejaba caer su mirada unos segundos antes de volver a mirarla, con cierta decisión en el brillo de la misma. – La que no tiene que hacer esto si no quiere, eres tú. No.. Nunca quise que te sintieras obligada a nada, ni que entre nosotros nada cambiara solo porque yo.. – Se detuvo antes de seguir hablando. Supuso que el resto ya era bastante obvio, y estaba demasiado inquieto mentalmente como para decirlo en voz alta.







14) Raika

Presente, pasado y futuro. No dudaba que debía vivir el presente y más cuando este se amoldaba perfectamente a lo que ella más deseaba en ese momento. Pero también era consciente de que este siempre se veía afectado tanto por el pasado como por el futuro. Los errores vividos, a pesar de servir para no volver a cometerlos, eran, en cierto modo, un freno que trataba de no volver a caer dos veces con la misma piedra. Sin duda, su piedra particular había sido Mathias Walden. No es que lo considerase un error, había sucedido y punto. Le había querido, si, pero no tanto como imaginaba, es más, ahora que lo veía desde un punto de vista medianamente objetivo y tras haber dejado que el tiempo hiciese su trabajo, se daba cuenta que lo que había sentido hacia el slytherin había sido poco más que una amistad, sumándole a esta la atracción que había experimentado hacia el castaño. Era ahora también cuando se daba cuenta de que el verdadero motivo por el cual le había dejado no era su gran egocentrismo, su amor hacia sí mismo o los celos que podía llegar a mostrar. Fred había tenido su parte de culpa también, nunca antes había reparado en ello, al menos no conscientemente. Ahora, estando a su lado, recordaba la ira que recorría su cuerpo cada vez que cualquier chica se acercaba a él, aunque tan solo quisiese pedirle una pluma o un libro. También esa facilidad con la que su mente comenzaba a encontrar defectos en cada una de ellas. Como si ella fuese perfecta. Rio para si misma al recordar esto, le parecía todo tan absurdo, patético e infantil que solo el hecho de pensar que realmente todo había sucedido, le avergonzaba de sobremanera. Al menos, había superado eso, ¿o no? No, definitivamente no, a pesar de tener diecisiete años y ser, supuestamente, una joven madura e inteligente, no podía evitar sentir cierto recelo hacía todas esas chicas, a pesar de no tener ningún derecho para hacerlo. Al fin y al cabo, era la vida de Fred, no la suya. Tampoco tenía motivos para sentirse así, el Ravenclaw era su amigo, nada más. Despertó de su trance cuando Frederick habló de nuevo, instintivamente sonrió al escucharle. – Y yo voy a acabar creyendo todo lo que digo si sigues dándomela.- respondió riendo. Obviamente eso no sucedería pues si había algún calificativo que no encajase para nada con la rubia, ese era egocéntrica, o tal vez creída, de todas formas, ni sigue ni seguirá ninguno de esos patrones.

-Mi egocentrismo está bien cuidado, pocas palabras pueden dañarlo así como así.- respondió irónicamente pero sin dejar de reír. No podía ni tan siquiera imaginarse a sí misma bajo esa característica. Para nada, incluso era quizás demasiado modesta en ocasiones. No le agradaba el hecho de jactarse por méritos que no siempre tenían porque ser propios, algo que para otros era tan fácil como respirar o caminar. Simplemente, no se sentiría cómoda actuando así. Los siguientes segundos fueron ciertamente confusos para ella, pues desconocía por completo lo que podía o no pasar a partir de ese momento, y el no saber no era una sensación la cual quisiese experimentar y mucho menos en una situación como la actual. Aún así no podía apartar su mirada de Fred, de la misma forma que no pudo evitar morderse el labio cuando este pronunció de nuevo su nombre. Estaba nerviosa, demasiado nerviosa como para poder pensar con claridad. Tratando de pensar con objetividad, vio todo aquello como una partida de ajedrez, una partida de ajedrez en la que había dejado expuesta a la reina, sin motivos aparentes, pero con la sensación de poder ganar esa partida. Ridículo, lo viese de la forma que lo viese, no podía no sentir ganas de patearse a sí misma. Sonrió cuando comentó que no quería gastar su nombre, pero las palabras no llegaban a sus labios, ni tan siquiera creía que sus cuerdas vocales fuesen capaces de decir hola en ese preciso momento. Aunque puede que tampoco hubiese encontrado palabras adecuadas o, como mínimo, coherentes. Quizás eso de ser rey de tu silencio es mejor que ser preso de tus palabras sea cierto, pero en ese momento, no lo veía así, prefería hablar, decir lo que sentía, si quería hacerlo, ese era el momento y no quería desaprovecharlo, no quería arrepentirse más tarde de haberse callado. Escuchó cada palabra del castaño más no dijo nada, no aún. Sonrió, deseando decirle demasiadas cosas, tantas que ni siquiera ella era capaz de asimilarlas en ese momento, así pues, simplemente acercó de nuevo su rostro al suyo y le besó. Mas fue un beso corto, quería responderle, y sabía que de no hacerlo en ese momento acabaría por olvidarlo o dejarlo pasar y no quería que eso sucediese. Por ello, nuevamente se apartó. –Yo… yo también quiero esto y… lo llevo queriendo desde hace tiempo aunque tardase en darme cuenta de ello.- Respondió posando su mano derecha sobre la que Frederick tenía libre.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Es ahora, o nunca. Thread (5)

11) Fred.

Ahora que lo pensaba o comparaba, realmente jamás había tocado temas muy profundos con ella. Probablemente era por su culpa. Después de todo, hablando de temas en los que él se sentía cómodo o le apasionaban, como el Quidditch, la literatura o lo que fuese, lograba que la presión de estar hablando con ella aminore. Que por segundos al menos pudiese realmente cumplir el papel, el rol de amigo. Ser eso para ella, lo que necesitara en el momento. Había días en los que se preguntaba qué sucedería si se lo dijera. ¿Realmente sería el fin de la amistad? A veces incluso al pensar en eso se sentía algo extremista. Después de todo, y más aún con las palabras que Raika le había dicho, ¿No sería más fuerte la relación que tenían que un sentimiento platónico, unilateral, que podía incluso ocultar de sentirse incómoda? Pero al final del día, todo se resumía o acababan siendo preguntas que se hacía él mismo. Hipótesis o teorías que quedaban en la nada, porque incluso si alguien le asegurara que nada malo podría pasarle a su amistad, internamente sabía que no era lo suficientemente valiente para exponer del todo sus sentimientos. No le importaba la vulnerabilidad, ni salir lastimado. Él había sido testigo de muchos lazos entre personas que se rompían cuando el afecto o atracción no era mutuo. Él había sido parte de uno, con una de sus amigas más allegadas. No la había pasado bien teniendo que rechazarla, ni mirarla a los ojos luego sabiendo que no podría corresponderle. Entonces llegaba a la conclusión de que no quería formarle ese peso a nadie, muchísimo menos a Raika. Tragó nuevamente saliva, mientras sentía un cosquilleo incómodo en su estómago. De poder hacerlo, se patearía por ser tan infantil. – Pues eso podría arreglarse. Podría acosarte si quisiera, no me sería tan difícil ni desagradable. – Sonrió de medio, y rápidamente frunció las cejas. – Quiero decir, que no me costaría, no sería nada desagradable porque justamente, sería fácil.. y.. eso... – Mejor me callo, pensó casi divertido. Tenía dieciocho años y parecía de catorce. La blonda tenía tanto control sobre él, y ni siquiera lo sabía. Guardó silencio por unos momentos, mientras permitía que su mente se vaciara de cualquier cosa para simplemente volver a relajarse.

Escuchó su risa, y se sintió contagiado, por lo que sonrió ampliamente. Estaba tan perdido, se hundía en el sentimiento que ella le provocaba cada vez más, y no sabía como salir de él. No quería salir de él. ¿Desde cuando se había vuelto tan ignorante, tan masoquista? Lo peor era que, incluso siendo inteligente, sabiendo qué es lo que sería mejor, estar enamorado de ella era tan fácil como respirar. Cada vez la miraba, se preguntaba así mismo cómo podría no estarlo. Sacudió su cabeza, y chasqueó la lengua mientras mantenía una sonrisa plegada en sus labios. Rió débilmente, logrando que sus hombros se movieran como efecto de lo mismo. – Por supuesto que no está ardiendo, tú tienes fiebre y es tu mano la que está caliente. – Bromeó divertido, sabiendo que no tenía ni pies ni cabeza lo que acababa de decir. ¿Pero qué más daba? Exhaló aire, el cual por primera vez en aquella madrugada se volvió vaho, tomando visualmente el aspecto de humo gris. Podrían estar congelándose ahora mismo, que el castaño no se hubiese dado cuenta. Estaba demasiado vacío de pensamiento o razón en esos instantes, en donde sus dedos se habían entrelazado finalmente con los de la rubia. Escuchó que murmuró algo, no fue una palabra, pero creía que de haberlo sido no la hubiese escuchado. Volvió a relamer su labio inferior, antes de alzar de una vez su rostro y fijarlo en ella. Y aquel momento creía que fue el primero en su vida en que su respiración se cortó sin ser él consciente de ello, sin haberlo querido así. Fue un acto reflejo. Estaban cerca, demasiado cerca. Atinó a retroceder, a decir algo. Mover algún músculo de su cuerpo. Lo que fuese. Pero no pudo, estaba completamente paralizado, pero de una forma tan natural que ni siquiera parecía tenso. Como si la cercanía de sus rostros y de sus cuerpos fuese habitual, perfecta. Y de hecho, se sentía así. Y entonces, sin darse cuenta, imitó el movimiento que ella realizó, acercándose más hacia él. Cerró sus ojos, y dejó que sucediera. El contacto de sus labios sobre los suyos, incluso aquel roce, logró que cualquier otra descarga eléctrica quedase en la nada comparada a la actual. Apenas pudo reaccionar al beso, cuando este terminó. Sintió como Raika apartaba su rostro, y sus labios amenazaron con curvarse hacia arriba, pero volvieron a neutralizarse antes de que sus ojos azules volvieran a mirarla. Le había besado. Ella a él, de un modo u otro, ella.. ¿Era posible? Escuchó como se disculpaba por algo que él quería volver a hacer. No estaba seguro de cómo, ni de dónde surgió el impulso repentino. Pero Frederick quitó su mano debajo de la de ella, y la situó en su mejilla, deslizando sus dedos por detrás de su cabello. Sin dejar de mirarla a los ojos, asintió, primero lenta y muy levemente, para luego continuar haciéndolo mientras ahora él se acercaba a su rostro. – Te perdono. – Susurró sobre sus labios antes de besarla, esta vez, dejando el roce de labios anterior olvidado.





12) Raika.

A medida que pasaba el tiempo, las temperaturas descendían ligeramente, aunque Raika apenas se había dado cuenta de ello, claro que, ni tan siquiera era consciente del frío que hacía realmente a esas horas y en los exteriores del castillo, ni su mente ni su cuerpo estaban pendientes de ello. Tal vez porque si así fuese, se vería obligada a acortar el tiempo que estaba pasando junto a Frederick, y por nada del mundo quería eso. El campo de juego había quedado completamente helado, al menos eso era lo que creía, pues aunque no tuviese ningún tipo de problema con la vista, desde esa altura y con la escasa luz de la luna no podía asegurar nada. Eso sí, tampoco, no sería ella quien bajase a comprobarlo. Miró de nuevo a su compañero, jamás habría llegado a imaginar que tenerlo tan cerca fuese a ser tan complicado para ella. Quería decirle tantas cosas, o simplemente resumírselo en dos palabras, pero también era consciente de que no eran tan solo sus sentimientos los que ponía en juego, sino que también estaba la amistad que ambos habían compartido durante tanto tiempo. No quería perderle, mil veces preferiría tener que seguir así a que él le negase la palabra, por ejemplo, o que la ignorase por completo. Si, también sabía que no tenía porque ser así, pero para no meter la pata, lo mejor era llevarlo al extremo, o así lo veía ella. Olvidando por un momento el lío que poco a poco se estaba formando en su cabeza, volvió al mundo real, en el cual Fred había comenzado a hablar de nuevo, dando respuesta a su última pregunta. Rió cuando este dejó de hablar. Realmente no le importaría que así fuese, aunque dudaba de que pudiese llegar a considerarse acoso. No, no podría ser acoso, no cuando ella misma era la principal beneficiaria. – No te engañes Fred, cualquier cosa que pudieses llegar a hacer no sería considerada acoso. – Sonrió tras unos segundos. – Es matemáticamente imposible, créeme.- Añadió frunciendo el ceño para después reír de nuevo. –Es más, ni me daría cuenta de ello.- Y era verdad, pero él no tenía porque saber el fondo que verdaderamente llevaba esa respuesta, ¿no?.

-Insisto, aquí el único que tiene fiebre eres tú, ¿no lo ves? Incluso estás delirando al decir eso. –Respondió sin poder contener la risa, no por lo que acababa de decir, sino por la situación en la que se encontraban. Debería ser siempre así, tan fácil, tan sencillo. Sin tener nada más en lo que pensar o preocuparse. Simplemente divertirse con su amigo. Se pateó a si misma por pensar en esa última palabra, pues si bien eso es lo que eran, amigos, y a pesar de poder vivir con ello, decirlo, o en este caso, pensarlo, era algo muy diferente. – Y no, no busques una nueva forma de negarlo, sabes que tengo razón, es más, es obvio que la tengo. –añadió sin dejar de reír. Le era tan fácil ser ella misma, tal y como era, en ese tipo de situaciones, que no podía desear otra cosa aparte de que siempre fuese así. Aunque eso fuese irremediablemente imposible. De nuevo una descarga eléctrica se apoderó de su cuerpo cuando Frederick llevó su mano a su rostro. No se había esperado esa reacción por su parte, pero aún creía que había estado mal lo que había hecho escasos segundos antes. Y, a pesar de esto, no se movió ni un solo milímetro cuando el castaño comenzó a acercarse a ella de nuevo, no porque no quisiese, que no quería, sino porque su cuerpo se había quedado prácticamente inmóvil. Más por inercia que por iniciativa propia escuchó su respuesta, habría respondido, o al menos habría intentado buscar una respuesta, de no ser porque la escasa distancia que les separaba era ya inexistente. Automáticamente posó ambas manos sobre el cuello de Fred. Y, a pesar de no saber si estaba haciendo bien, no iba a ser ella quien rompiese el contacto que ahora les unía. Pero un pensamiento cruzó su mente de repente.- Fred…- susurró contra sus labios antes de separarse unos centímetros de ellos y apoyar su frente sobre la del castaño.- N-No tienes porque hacer esto sino quieres…- Dijo, sintiendo como el calor se acumulaba en sus mejillas. No quería, ni permitiría, que se viese obligado a nada, aunque quisiese creer que no era así.



ooc. Conseguí acortarlo *--* Ya podías aprender de mi cool.gif JAJA

jueves, 9 de diciembre de 2010

Es ahora, o nunca. Thread (4)

7) Fred.

Un suave relámpago acarició el campo de juego y alrededores. Por unos escasos segundos pudo observar con mayor claridad el césped y las demás gradas de en frente. Había muy pocas cosas que le ponían la piel de gallina; aquel deporte mágico era ciertamente una de ellas. De algún modo u otro, sabía sin importar cual sería el camino que su vida tomaría, el Quidditch tendría su lugar en ella. Desprenderse de él, sería como quitarse así mismo una pasión latente. Por no decir la única pasión que en verdad lo llenaba y le hacía sentir bien. Escuchó entonces a Raika, y sonrió con su respuesta. No estaba muy seguro de hacía cuanto exactamente no volvía ella a su país natal, y se preguntó así mismo si él podría mantenerse lejos de Inglaterra. Sin embargo su pregunta lo quitó de pensamientos que nada tenían que ver con el momento, y alzó levemente sus cejas, entre divertido e irónico. Si supieras, pensó con cierto anhelo antes de pasar una mano por su cabello y contestar. – Son cosas que puedo tener todos los días, estar aquí contigo en este lugar, bajo todas estas condiciones, no es algo regular. – Sonrió mientras su mirada azul continuaba al frente. Una cosa es que se animara a decir cosas como aquellas, otra diferente es hacerlo mirándola a los ojos. Más su siguiente comentario logró, de hecho, que sin poder evitarlo la mirase para cerciorar que había escuchado bien. No es que hubiese dicho nada del otro mundo en verdad, pero cosas tan sencillas viniendo de ella, significaban mucho para él. – A mi también. – Contestó más en un susurro que otra cosa, volviendo a desviar sus ojos a otro lado que no sea ella. Literalmente estaba tratando de controlar sus palabras. Siempre había sido dentro de todo fácil ser solo un amigo de la rubia, porque nunca llegaban a tocar temas sentimentales entre ambos. Siempre bromeaban, conversaban de cualquier cosa y compartían momentos más allá de entrenamientos. Pero esto comparado con todo eso, podría decirse que era lo más ¿íntimo? que habían compartido.

Por suerte para él, ella continuó hablando, y la escuchó atentamente mientras suspiraba y ladeaba su cuello, quitando esa tensión que le surgía cada vez que ella lograba hacerle sentir vulnerable y.. al fin y al cabo enamorado. Dejó que sus labios se curvaran, en una sonrisa leve. – En ese caso, me tomo el atrevimiento de asegurar que hago bien mi trabajo como amigo, Rai. Nada más, no hay mucho de especial en mí. – Y más que una respuesta para ella, fue un llamado de atención para él. Porque aquello era justamente lo que no debía olvidar, incluso en momentos en los que decirle la verdad se volvía tan tentador. Él era su amigo. Nada más, ni nada menos. Y él quería mantener aquello de aquel modo, no tenía opción en realidad. Era mantener su confianza, su relación amistosa, o nada. Y aún así, ella continuaba hablando y no le volvía las cosas fáciles. Rió suavemente, y exhaló aire, antes de apretar sus labios y asentir lentamente. – También me siento afortunado de haberte conocido, ya sabes.. Muchas cosas serían diferentes de no estar tú en mi vida. – La naturaleza con la que habían salido las últimas palabras, le sorprendieron. Y no fue consciente de aceptar el hecho de que habían salido de su boca, y escuchadas por Raika hasta segundos más tarde. Aún sentía el calor de sus manos en la suya, y quería volver a sentirlo. Estaba de hecho a punto de pararse y apoyar su espalda contra el borde del palco para alejar sus impulsos, cuando ella lo abrazó. No reaccionó por unos segundos, ciertamente impactado por estar siendo abrazado por ella, pero luego –y por inercia- giró su cuerpo y rodeó su cadera y cintura con sus brazos y manos. – No.. no es nada. – Nunca había estado tan cerca de ella, y mentalmente adhirió la cercanía a la lista de las mejores cosas del mundo.





8) Raika

El cuerpo de la joven Ravenclaw se tensó durante apenas unos segundos al ver como un relámpaco cruzaba el cielo e iluminaba a su paso todo lo que tenía frente sus ojos. Debía reconocer que la luz proveniente del mismo dejaba una estampa ciertamente perfecta del campo de quidditch, pero por más bonita que fuese la imagen que tenía frente así, no podía evitar que el pánico se apoderase de su cuerpo y de su mente. Trató de no pensar en ello, debía relajarse si no quería hacer el imbécil delante de Fred, y eso era lo que menos quería en ese momento. Además, salir corriendo no sería una opción para nada rentable, pues debía recorrer la distancia que separaba el castillo del campo, y si debía estar sola bajo una posible futura tormenta, moriría. Respiró para tranquilizarse. Fred estaba a su lado, no le pasaría nada, es más, estaban bajo la lona de Ravenclaw. No había porque aterrarse. Claro que, ni que eso fuese tan fácil cuando uno de tus mayores temores son las tormentas eléctricas. – Bueno, eso no es tan cierto ¿eh? –Rio- sabes que puedes contar con mi presencia siempre que quieras, aunque el lugar y las condiciones no sean las mismas.- respondió al mismo tiempo que una tímida sonrisa aparecía en su rostro y en el que sus mejillas se teñían de un tono similar al carmín. Si, sabía que esas palabras no iban más allá, pero para ella no tenían un mismo significado, por más que tratase de no buscarlo. – Quiero decir, ¿para algo están los amigos, no? No tan solo para copiar las tareas la hora anterior a la clase.- añadió tras unos segundos que para ella fueron eternos. Aunque ella nunca había hecho eso, era sabido por todos que la mayoría sí que lo hacían.Amigos. El hecho de tener que decir esa palabra, y más en voz alta, le había sentado como una verdadera patada en el estómago. Pero eso era lo que eran. Amigos. Sonrió al escuchar la respuesta de Frederick, algo era algo. Y eso, sin duda, era mejor que nada, por más que doliese pensarlo.

Claro, porque eso es lo que somos. Pensó la rubia antes de responder, pues sabía que de no ser así lo habría dicho, de la misma forma que había hablado de más durante toda la conversación. – Para nada lo haces bien, sino excelente.- respondió tras dejar que su cabeza formase una frase con sentido, simple y que en ningún momento la dejase expuesta. Al menos, lo había conseguido. – Tampoco estoy de acuerdo en eso Fred, eres una persona muy especial… al menos para mí…- ¡Zas! Ya tardaba en abrir la boca, estaba claro que a esas horas no podía pensar en otras respuestas que no fuesen las que realmente pensaba, aunque estas no debiesen ser dichas en ningún momento y bajo ningún concepto. Pero al igual que en otras ocasiones, ya era tarde para volver sobre sus palabras. Solo esperaba poder encontrar una excusa a eso si es que Frederick volvía a referirse a ello. - ¿Afortunado? ¿No querrás decir torturado? –bromeó- O la noche te confunde seriamente o ardes en fiebre, Frederick Woodward – continuó sin dejar de reír, posando su mano en la frente del joven, al igual que hacía su madre cuando quería comprobar si tenía fiebre pero no tenía ningún termómetro a mano. No tardó más de un par de segundos en retirarla de nuevo, el contacto con su compañero de casa no lograba más que corrientes eléctricas recorriesen su cuerpo, que se pusiese nerviosa y hablase más de lo que debía y que su corazón se acelerase seriamente. Mas no cambiaría ninguna de estas sensaciones jamás, ni por todos los galeones del mundo haría semejante cosa. –Para mi también sería muy diferente una vida en la que tú no formases parte. – dijo esta vez más seriamente, y no podría haber dicho mayor verdad. Se odio a si misma cuando obligó a su cuerpo a romper el abrazo que la mantenía en contacto con el castaño. –Es mucho más de lo que piensas- respondió posando su mirada en la de Frederick y dejando caer sus manos, las cuales se posaron sin permiso alguno sobre las manos del Ravenclaw. Trató de apartarlas nada más sintió de nuevo el contacto que les unía, pero su cuerpo se negaba a hacerle caso a su cabeza, ya había cedido lo suficiente teniendo que apartarse segundos antes. Se mordió el labio inferior al mismo tiempo que bajaba la mirada, ciertamente incómoda ante esa situación y ante lo que Frederick pudiese pensar de ella, mas no movió ni un solo dedo.




9) Fred

Internamente, el castaño se preguntó cuánto tardaría la tormenta en llegar. ¿Cuántos minutos le quedaban allí, al lado de Raika, antes de que las primeras gotas tocaran la superficie del suelo? Porque bastante tortura china le estaba provocando a la rubia con estar allí, en las gradas a esa hora y con el frío latente. No permitiría que se enfermara, y mucho menos por su culpa. Por su lado, Frederick adoraba todo tipo de tormentas. Si no fuese por el riesgo a pescar algo más que un simple resfrío o gripe, estaría todo el tiempo que la lluvia durase bajo la misma. Sintió una leve tensión en el cuerpo de la blonda, o eso creyó, ya que así de pronto como llegó se retiró. Un escalofrío, quizá. Pensó no sin cierto reproche. Incluso aunque ella ya le hubiese asegurado que no quería irse, sabía que las condiciones en las que se encontraban no eran las mejores ni las más agradables. Sonrió de medio lado al escucharla, y asintió con lentitud mientras suspiraba. – Lo sé. Pero ya sabes, compartimos el puesto de prefectos, Quidditch, Curso, Sala Común.. No quisiera te cansaras de mí. –Bromeó. En cierta parte, aquella broma tenía algo de verdad. Probablemente el que sienta algo por ella tenía que ver con eso, pero su último deseo era el de ser muy pesado con ella. Sin embargo, y a pesar de que minutos atrás él mismo se había encargado de hacerlo, sus siguientes palabras fueron un manotazo en el pecho, haciéndolo retroceder. Volviéndolo a la realidad. Sus ojos se desviaron instantáneamente hacia el campo de Quidditch una vez más, mirando sin mirar. Una oleada de viento logró incluso penetrar la lona del palco, e inhaló el frío aire, antes de finalmente chasquear la lengua débilmente y sonreír. – Si, tienes razón.Las palabras agradables de Raika, eran tan sinceras, que el castaño se enojó en cierto modo con él mismo por sentirse al mismo tiempo lastimado por ellas.

Su atención seguía mantenida en la nada por el momento, porque él podía manejar sus expresiones, algunas al menos. Incluso sus palabras. Pero su mirada era un libro abierto la mayoría de las veces, o al menos cuando se refería al tema de ella. Y no quería meter la pata. - ¿Nos estamos poniendo sentimentales, eh? –Jugueteó con diversión en sus palabras, incluso con el nudo aún en su garganta. Sin embargo ella logró hacerle reír cuando mencionó si estaba seguro de si era afortunado o torturado. – Créme, la que tiene fiebre eres t-.. – Se detuvo antes de terminar de hablar, cuando sintió su mano colocándose en su frente. Un simple contacto, tenía más inocencia que una hoja, y sin embargo una leve corriente eléctrica se deslizó por su espalda. Sus manos no se movieron una vez se apoyaron contra la espalda y cintura de la rubia, como si tuviese miedo de ahuyentarla de algún modo. Algo sumamente idiota. Cuando ella rompió el mismo, alzó sus ojos azules hacia su rostro, y tragó lentamente saliva, abrumado. Es como si Raika supiese lo que él sentía y ella estaba poniendo a prueba sus límites. Por supuesto esto no era ni siquiera una hipótesis, ya que de saberlo, jamás le haría eso. Pero de todos modos, aquello estaba siendo extremadamente difícil para él. Todavía sentía el calor que el abrazo le había dejado, el cual se esfumó tras unos segundos. Es mucho más de lo que piensas. Se repitió mentalmente sus palabras. Y entonces cuando pensó que quizá podría volver a armar esa pequeña muralla protectora, ella dejó caer sus manos sobre las de él. Aquel contacto una vez más, volvió a tener una reacción física eléctrica en él, y decidió seguir la corriente a lo que quería hacer. – Raika.. –Susurró, dejando que por unos instantes una sonrisa nerviosa apareciera en sus labios, para luego borrarse por el mismo motivo. La miró a los ojos, y cuando vio que ella no le estaba mirando a él sino a sus manos, descendió su mirada al mismo punto. Movió con lentitud su mano que estaba bajo la de ella, y la giró con la misma pausa. Lentamente entrelazó sus dedos con los de ella, casi acariciando o rozando su piel. No estaba seguro de lo que estaba haciendo, se había desconectado de su cerebro, y simplemente hacía.. lo que quería hacer.



10) Raika

La cristalina mirada de la Ravenclaw se posó, por primera vez desde que habían llegado al Campo de Quidditch, sobre el mismo campo. Deseaba que comenzase de una vez la temporada de Quidditch, a pesar de que aún desconocía que casa sería a la primera a la que tendrían que enfrentarse. Observó por unos segundos cada detalle del campo, para después subir su mirada varios metros más arriba. Parecía que quería llover, ¿acaso no podía llover en otro momento? ¿Cualquier otro? No, ese parecía el momento más adecuado. En fin, por más que le molestase, no podía hacer nada contra ello, así que lo mejor sería aprovechar el tiempo. Y eso haría, a pesar de la tormenta que podía escucharse a lo lejos, quizás el estar allí con Frederick, durante una tormenta que se aproximaba por momentos, fuese una buena terapia para la rubia, aunque ella misma dudaba de que pudiese presenciarla estando sola ni ahora, ni en un futuro, claro que, esto era algo que ni tan siquiera Celeste sabía. Pues ya se sentía lo suficientemente ridícula como para ir contándoselo a nadie. – Sabes que no podría cansarme de ti ni aunque lo intentase, es decir, eres Fred, es imposible que alguien se canse de ti. – respondió tan segura de siempre sería así, por más tiempo que pasase a su lado, no creía que fuese capaz de transformarse en algo negativo, al menos no por su parte, claro. Ya que, de ser así, ya lo habría hecho, pues aunque ya pasaba suficiente tiempo con él, sus pensamientos le dedicaban aún más. No, definitivamente no podría cansarse de él. – Siempre tengo razón...- Dijo tratando de sonreír tras escuchar la respuesta del castaño, mas ni una simple falsa sonrisa fue capaz de dibujarse en su rostro. Simplemente ya le era imposible tratar de tomarse a broma todo aquello, aunque fuese una simple fachada, la cual era golpeada una y otra vez, y era cuestión de tiempo que se derrumbase.

Mas esto no significó que no se riese ante la pregunta, no sabía si retórica o no, que Fred había hecho. Parecía que sí, que se habían puesto sentimentales, ya que no recordaba ningún otro momento así junto a su compañero. A pesar de pasar varias horas juntos al día nunca antes habían hablado de temas similares. Tampoco le había dicho nunca lo importante que era para ella y para su vida. Claro que, nunca antes se había sentido capaz de hacerlo. Además, principalmente, tocaban temas como el Quidditch, las clases, salidas o similares, poco más allá de eso. – Eso parece.- Respondió dejando aparecer en su rostro una tímida sonrisa. – Jajaja Para nada, aquí el único que tiene fiebre eres tú, sino fíjate, tú frente está ardiendo.- Respondió sin dejar de reír, a pesar de que nada de lo que dijese fuese cierto. Fue en ese momento cuando quiso que todo fuese tan fácil, que no sintiese nada más a parte de las ganas de bromear con él. Simplemente divertirse, nada más. Pero como ella bien sabía, nunca tienes lo que quieres, y actualmente podría aplicarse esa frase en todos sus sentidos. No sabía si era bueno o malo, tampoco le importaba demasiado. Sencillamente no quería cambiar nada. Y, a pesar de todo, seguramente si le ofreciesen olvidar y dejar de sentir todo lo que sentía hacia Frederick, se negaría en rotundo a ello, por más confundida o perdida que estuviese en cuanto a todo ello se refería. Si, se negaría aunque fuese tan solo por sentir todo lo que sentía cada vez que, sin quererlo o no, alguna parte de su cuerpo chocaba contra el del Ravenclaw. Nunca cambiaría eso, por más que le doliese el saber que no iría más allá de eso. Escuchó entonces su nombre a través de Fred, apenas había sido un susurro, pero lo suficientemente alto como para que pudiese escucharlo. Quiso responder, pero toda la coherencia de la que pudiese disponer se había esfumado de su cuerpo.- ¿Mmm?- Fue lo único que atinó a pronunciar.

Si pudiese paralizar el tiempo, ese sería un buen momento para hacerlo. Levantó la mirada, posándola sobre el rostro de Fred, que se encontraba mirando hacia el mismo lugar que ella contemplaba segundos antes. Se reprendió a si misma por haber levantado la mirada así sin más, pues no se había dado cuenta de lo cerca que estaban ahora. Trató de echarse un poco hacia atrás, pero su cuerpo no le hacía el más mínimo caso. Todo lo contrario, como si de un imán se tratase realizó el movimiento opuesto, acercándola aún más a su compañero. Ahora o nunca. Casi inconscientemente y sin ser realmente responsable de sus acciones semicerró sus ojos y después de haberse acercado un poco más rozó con sus labios los del castaño. Si con un simple contacto una descarga eléctrica recorría su cuerpo, ahora era como si la tormenta que les rodeaba estuviese dentro de ella. Pasaron tan solo unos segundos cuando su cabeza despertó del sueño en el que parecía encontrarse, recordándole que Frederick era su amigo y que no debería haber hecho eso bajo ningún concepto. Rápidamente, y como si quemase, apartó su rostro, avergonzada por lo que acababa de hacer. –L-Lo siento, y-yo n-no debería haber hecho eso…- Dijo tan rápidamente que, no solamente había tartamudeado, sino que además las palabras habían salido atropelladamente de su boca, siendo apenas entendibles.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Es ahora, o nunca. Thread (3)

5) Fred.

Rió junto con ella, mientras bajaba la vista hacia sus pies, ligeramente avergonzado. Quizá era demasiado patriota, en sí los ingleses lo eran. De todos modos, la nacionalidad afectaba directamente a una persona, eso era sabido. Y el haber vivido toda su vida en un país como Inglaterra, con el clima que éste tiene, lo –como a todo inglés- acostumbró a las temperaturas frías. Le gustaba el verano, pero no soportaba temperaturas demasiado altas. La escuchó, y alzó levemente sus cejas. Sabía que hacía bastante no iba a su país natal, Alemania. Ella lo había comentado una vez, y no recordaba muy bien cómo había terminado escuchándolo, pero lo hizo. Escuchó su broma, y sonrió divertido antes de empujarla levemente con su hombro y cuerpo para anticipar su comentario. – Hey, al menos el acento es algo que no te podrán quitar nunca. – Puntualizó divertido, silenciosamente halagándola. Encontraba ciertamente atractivo y agradable el acento alemán que llevaba en el tono de su voz y palabras. Abrió levemente los ojos, ante la precipitación de su fuerte ‘No’ y su respuesta luego. No tenía el derecho de hacerlo, pero se sintió extrañamente bien con el saber que no quería irse y quería en cambio quedarse allí. Con él. Sin embargo, y acostumbrado ya a disfrazar ciertas emociones cada vez ella estaba cerca, se encargó de simplemente plantar una sonrisa cálida que naturalmente surgió de sus labios, y chasqueó la lengua.- ¿Estás bromeando? No querría estar en ningún otro lugar. – Y de tener el coraje, hubiese adherido que con nadie más tampoco. Pero el miedo a perder la amistad, o el momento como mínimo, le superaba.

Ignoró entonces el cosquilleo que nuevamente le surgió en las palmas de sus manos, y cruzó sus brazos para aminorarlo. Apoyó sus antebrazos sobre sus rodillas nuevamente. - ¿Quieres decir chicos que invitan a sus amigas a morir de frío a las tres y media de la mañana? – Rió levemente, y luego relamió sus labios, algo fríos por la temperatura. Dejó que el silencio reinara unos minutos, y se permitió relajarse cuando se dio cuenta que estaba algo tenso por Raika. Le ponía nervioso. En el buen sentido. Y cuando ella volvió a hablar, dirigió sus ojos una vez más hacia ella para asegurarle que de verdad estaba interesado en su bienestar. No dijo nada, y procesó la información durante unos segundos. Pero antes de que pudiese decir algo, ella volvió a hablar. El brillo de los ojos de la rubia bastó para hacerle saber que de hecho le preocupaba que los demás se enterasen de sus sueños, o lo que sea era le provocaba aquel malestar. Sonrió levemente al escuchar el nombre de su compañera, Celeste, y luego simplemente actuó por instinto. Posó su mano derecha sin pensarlo sobre las suyas, y las rodeó con seguridad. – No dejaría que nadie te tachara de loca. Puedes confiar en mí. – En el momento en el que terminó de hablar, pasaron unos cinco segundos. Segundos que tardó en darse cuenta de que su mano seguía posada sobre las suyas. La quitó rápidamente, sintiendo ese hilo de electricidad como cada vez la tocaba. No debería haber tomado sus manos de esa forma. ¿Cuál era su problema? Un cartel luminoso declarándose, hubiese sido más conveniente. Desvió su mirada nuevamente al campo, y aclaró su garganta levemente, incómodo consigo mismo.





6) Raika

Si, era cierto que nadie podría lograr que se desprendiese del acento alemán que, como no, desde siempre había poseído. A pesar de que, con el paso de los años y, sobre todo desde su ingreso en Hogwarts, lo había ido mezclando en cierta medida con el inglés. Pues si bien podía hablar en ambos idiomas con fluidez no podía evitar que el uno se mezclase con el otro en algunas ocasiones. Claro que, apenas se había dado cuenta de ello hasta que Frederick se lo recordó, bueno, realmente tampoco se había parado a escucharse a sí misma como para ver si esto era así o, de lo contrario, seguía igual que siempre. – Si, la verdad es que tienes razón, al menos siempre me quedará eso.- respondió riendo. Era tan fácil y a la vez tan complicado estar con Fred. Por un lado era su amigo y le encantaba pasar tiempo con él, al igual que con Cels o Sidney, nunca se aburría a su lado ni se cansaba de verle tan seguido, pues a demás de verle en las clases o en la sala común, también compartían los entrenamientos y los partidos de Quidditch, lo que garantizaba varias horas al día junto, o cerca de él. Escuchó entonces su respuesta, al menos no se había reído públicamente de la actitud que había mostrado anteriormente, aunque tuviese motivos para hacerlo. -¿Ni tan siquiera bajo el calor de la chimenea de la sala común o de tú cama? –preguntó divertida para, tras un par de minutos, añadir. –Me alegro de haberte encontrado esta noche en las cocinas, Fred.- Minutos antes quizás no se hubiese atrevido a decir esas palabras, no por nada en especial pues no creía que el castaño fuese a tomárselas con el sentido con el cual lo había dicho realmente, pero si por temor a que sus mejillas se tiñesen de rojo, pudiendo así, dar a entender algo que, aunque así fuese, no quería dar. Y así fue, por suerte la oscuridad de la noche hacía este hecho menos notorio. O eso esperaba.

-Para nada –rió- quiero decir chicos con los que realmente es agradable pasar el tiempo, incluso a las tres y media de la mañana –puntualizó- y también con los que se puede hablar. Creéme, no hay muchos por aquí como tú… -continuó hablando a pesar de que, posiblemente, se acabaría por arrepentir de estar diciendo todo eso, aunque fuese tan verdad como que el sol nace en el este y se pone en el oeste. – Realmente me siento afortunada de haberte conocido, y mucho. – Y era cierto. A pesar de todos los debates internos que tenía en su cabeza a causa de sus confusos sentimientos hacia el Ravenclaw y, los dolores de cabeza que estos le pudiesen causar, no cambiaría por nada en el mundo el día en el que conoció a Frederick Woodward. Un escalofrío recorrió su cuerpo, y no a causa de la temperatura, cuando el castaño posó su mano derecha sobre las suyas. Escuchó entonces su respuesta y no pudo evitar sonreír antes sus palabras. Pasaron unos segundos hasta que ese contacto entre ambos desapareció. Algo dentro de su cabeza, o más bien de su corazón, quiso pegarle por haber apartado tan rápido su mano de las suyas. Claro que, no la rubia no llevó esos pensamientos, los cuales no sabía de dónde habían salido, ella no era de pensar esas cosas, a la realidad. Sin embargo, giró su cuerpo unos noventa grados hasta quedar frente a Frederick. Y, sin poder ni querer evitarlo, le abrazó. No recordaba haberlo hecho antes, pero la sensación que tan simple acto le producía, era tal que se arrepintió de no haberlo hecho antes. –Gracias por todo, Fred.- Dijo sin querer apartarse de él, pero sabiendo que era cuestión de segundos que tuviese que hacerlo.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Es ahora, o nunca. Thread (2)

4) Raika



-¿Demasiado británico?- rió- En ese caso creo que yo no soy demasiado alemana- añadió, y, en cierto modo no dudaba en que sus últimas palabras fuesen ciertas. Pasaba relativamente poco tiempo en su país natal, prefería, y con diferencia, pasar los meses de las vacaciones en las cálidas tierras de México. Es más, probablemente hacía más de dos o tres de años que no pasase el invierno en Hamburgo, tampoco es que extrañase eso. Quizás este era el motivo por el cual ni era, ni se sentía, como la gran parte de las adolescentes de su edad en dicho país. Ni que eso le importase. –Es más, puede que de un día para otro reciba algún tipo de comunicado en el que me informen que he perdido la parte sentimental y moral de la nacionalidad – bromeó sin estar al cien por cien segura de lo que decía. ¿Acaso ya no se sentía alemana? En fin, ahora eso era lo menos importante. Fin del tema, Raika, se dijo a si misma. –¡No! – Se apresuró a responder nada más escuchar lo que Fred acababa de decir, ni se le había pasado por la cabeza regresar al castillo, no en ese momento.-Tampoco es para tanto – añadió tratando de que el castaño no se percatase del tono, casi desesperado, que, sin quererlo, había utilizado anteriormente. – Prefiero quedarme aquí… claro que, bueno, si tú quieres volver, vamos, al castillo quiero decir. – Bien, ahora no sabía ni decir cuatro palabras seguidas que tuviesen cierta coherencia entre ellas. Perfecto, puedes estar feliz de haber hecho el ridículo Raika. - …debería haberme callado.- dijo aunque el tono de su voz apenas fue audible, dudaba si Frederick la había escuchado o no, de todas formas, ya había quedado como una tonta, qué más daba un poco más.

-Tampoco hay muchos chicos como tú… -respondió sin haber pensado previamente en ello. Bien, Raika, ¿no se suponía que jamás dirías a nadie todo lo que ahora estás diciendo? Por Merlín, y aún menos a Fred. Pero ya era tarde, lo había dicho y no encontraba forma alguna de arreglar eso y de encontrarla seguramente serviría para estropearlo todo aún más. Dejó pasar unos minutos, como si de esa forma pudiese arreglar algo. - ¿La verdad? No lo sé, cada vez que duermo me levanto como si un camión hubiese pasado por encima de mí, como si hubiese corrido durante horas o como si hubiese participado en duelos con medio colegio. – Respondió sin pensar en las consecuencias que esto podía tener. Nunca le había contado esto a nadie, ni siquiera a Celeste, al menos no todo. ¿Acaso esa noche le habían echado veritaserum en la bebida? Aún no podía creerse como había dicho todo lo que, en cuestión de minutos, había dicho. – No… no le digas esto a nadie, por favor... – dijo de repente posando su mirada en la de su compañero. – Apenas le he contado algo a Cels y tampoco quiero que me tachen de loca tan joven. – finalizó riendo ante sus últimas palabras.

Es ahora, o nunca. Thread

1) Fred.

{ Lunes 6 de Diciembre de 1977 || 03:13hs || Posibilidad de lluvia y/o nevadas, 5,5ºC || Gradas. }

Observó de reojo a Raika, caminando a su lado mientras el frío de la madrugada les dificultaba levemente el andar por los terrenos. Eso, sumado al rocío que traía consigo el horario, y la temperatura glacial que provocaba en el castaño débiles escalofríos que recorrían su espalda. Con sus manos en los bolsillos, y los ojos entrecerrados, observaba a medida que se acercaban cada vez más y más, la estructura del Campo de Quidditch. Estaba seguro de que nadie sabía que Woodward solía ir muchas veces a aquel lugar en cualquier horario. Le apaciguaba el silencio cuando no había nadie, le distraía ver y ser partícipe de entrenamientos solitarios y por ocio, y por sobre todo, había algo en el deporte en sí que lo hacía sentir.. libre. Era algo más que el simple hecho de volar sobre su escoba a metros y metros de distancia de la superficie del suelo. Tenía que ver con la pasión que él sentía por el juego y todo lo que involucraba.

Nunca se hubiese imaginado que su búsqueda de comida en la cocina de horas atrás, lo llevaría a ese preciso momento. En sus sueños quizá, y tal vez ni siquiera así, se hubiese visto así mismo en dirección al Campo una vez más, con la diferencia de tener a la rubia a su lado. Incluso a pesar de tener las manos dentro de los bolsillos, podía sentir de vez en cuando un ligero hormigueo de nerviosismo en sus palmas, cada vez que ella accidental e inocentemente le rozaba el codo con el suyo, o el brazo. Era completamente estúpido y patético, pero no podía hacer nada. Era un caso completamente perdido, y luchar contra lo que sentía y le hacía sentir, era desperdiciar tiempo y esfuerzo.

Sus pies los llevaron hacia la entrada lateral del lugar, por donde se entraba al lugar de las gradas. Por supuesto, había elegido la zona de las águilas, particularmente una en donde él siempre se sentaba cada vez que iba. Era la que mejor vista tenía, por supuesto, y además estaba techada por unas lonas que poseían los mismos colores que su escudo y corbata. Se giró levemente para ofrecerle sin pensarlo la mano a Raika para que pudiese subir los escalones sin dificultad. – Aún no puedo creer que hayas aceptado en venir. Cualquier otra chica hubiese dicho que no sin siquiera dudarlo. Entre el frío, la posible lluvia que puede bañarnos, el horario.. – Sonrió de medio lado observándola, para luego desviar su mirada unos segundos hacia otro lado que no fuese su rostro. Y es que no era cualquier chica.



2) Raika

Nada más cruzar la puerta que daba acceso a los terrenos del castillo se maldijo a si misma por no haber cogido la capa antes de abandonar su habitación. Claro que, como iba a, tan solo imaginarse, que acabaría a las tres de la mañana camino del Campo de Quidditch. Mas no le importaban en lo más mínimo las bajas temperaturas, es más, hasta podría decir que ni tan siquiera sentía que fuesen tan bajas, a pesar de que, seguramente, no sobrepasasen mucho más de los cero grados. Que demonios, era bruja, la magia corría por sus venas, aunque varios de sus compañeros deseasen que no fuese así. Tssé. Como si ser descendiente de muggles fuese algo malo. Es más, hasta llegaba a dudar de que muchas de las familias que se jactaban de ser de sangre completamente pura lo fuesen al cien por ciento. En fin, para la Ravenclaw estas personas no eran más que unos completos imbéciles cuya única forma de sentirse bien y superiores al resto, era –y es- alardear de algo tan intranscendente como la sangre.

-Accio capa- susurró para si misma tras haber cogido la varita que, un par de horas antes, había guardado en el bolsillo derecho de su pantalón. Suerte que siempre la llevaba con ella. –Quizás deberías hacer lo mismo, Fred, a no ser que quieras quedarte como un cubito de hielo aquí mismo.- Dijo segundos antes de coger su capa al vuelo. Al menos había funcionado, tan solo esperaba no haber sido sorprendida por ningún profesor y, mucho menos, por el insoportable e irritante de Filch, eso sería, sin duda alguna, lo peor que podría pasar. Se paró por unos instantes para ajustarse la capa al cuello. Perfecto. Corrió hasta donde se encontraba Fred que, entre tanto, se había adelantado un par de metros.

Cuando quiso darse cuenta se encontraban frente a las gradas de Ravenclaw. Hacía tiempo que no iba por allí, no había asistido al último partido y el anterior lo había presenciado en primera persona. Arqueó una ceja al ver el gesto de su compañero, pero, de todas formas, le dio la mano y subió los últimos escalones. – Habría podido sola, ¿eh?- rió. Pasó por el lado de Frederick, y tomó asiento en la zona más cercana a donde se encontraban. – ¿Por qué no? –Preguntó, en cierto modo, extrañada, pues no lo encontraba nada raro. – Ya, bueno, ten en cuenta que podrían romperse una uña, o no, espera, también podrían ser víctimas de comprobar cómo la humedad encrespaba su cabello. Si, sería horrible y por nada del mundo podrían correr ese riesgo. –Respondió- y en cuanto al horario… podría decirse que, en mi caso, se ha invertido por completo. –Añadió.-

3) Fred

La verdad es que Fred ya tenía dieciocho años, y ya estaba en la etapa final de la adolescencia. Al menos, ya no podía justificar muchas cosas diciendo que era un adolescente. Ni podía dejar de lado temas para después. Porque de hecho el después, era el ahora. Años atrás, o quizá sin ser tan exagerado, a principio de año, estaba completamente seguro del rumbo en el que se dirigiría su vida. Continuar estudiando, planear y plantar un futuro para él mismo, y de ser posible, tener una familia a su lado. En otras palabras, ser feliz. Tener lo suficiente le bastaba, siempre había sido así, y siempre lo sería. Pero aquello había cambiado. De la nada, o quizá, siendo justo, desde su última conversación con su abuelo, muchas cosas habían cambiado en él. La perspectiva de las cosas, de su forma de ser, de la vida en general. Y es que comenzó a preguntarse si realmente la felicidad existía, y de existir, si el camino que estaba eligiendo es el que en verdad lo llevaría a ella.

Aquella era principalmente, la razón por la que aquel año frecuentaba más lugares como aquel. La necesidad de despejarse, de sentir que todo iría bien, era necesaria. Observó como la capa de la rubia llegó hasta ella, mientras la escuchaba hablar, y mentalmente se pateó. De haber sido más atento debería haber hecho eso antes para darle la suya. – No, me gusta el frío. Quizá soy demasiado británico. – Sonrió de lado, y entrecerró muy levemente los ojos. – Si tienes mucho frio podemos volver, de verdad. – Mantuvo sus ojos sobre ella para asegurarle de que si eso es lo que en verdad quería, podían estar allí en menos de cinco minutos.

Rió con ella mientras la ayudaba a subir, y siguió sus pequeños y cortos pasos para finalmente sentarse a su lado. Sus ojos celestes se encargaron de obtener la vista panorámica del campo de Quidditch, y mientras continuaba escuchándola, observó la parte del cielo que el techo de lona dejaba ver. Llovería en cualquier momento. Sin poder evitarlo, sonrió ampliamente, divertido, y coincidiendo con ella en cada palabra emitida. – No hay muchas chicas como tú, evidentemente a eso lo sabes. –Contestó, con su mirada aún perdida en el lugar, hasta que giró su rostro para poder mirarla mientras apoyaba sus antebrazos en sus rodillas, para poder así descender un poco más su cuerpo y observarla mejor de lado. - ¿Y eso porqué?