martes, 3 de agosto de 2010


"& Pensar que lo que escribo puede ser tan importante que toque algún corazón,
He pensado en darte todo lo que tengo, y prefiero hacerlo en forma de canción.
Canciones. Aquí hago lo que quiero, aquí cuento mis miedos,
& me siento mucho mejor. Quiero que busques dentro,
mientras yo te lo cuento & sientas lo que siento yo."

Canciones, ECDL.

lunes, 2 de agosto de 2010

Profecía.

HOC SIGNO TVETVR PIVS.
HOC SIGNO VINCITVR INMICVS.
~
Hace siglos que los Mayas gobernaron sobre las tierras de Mesoamérica, más concretamente hasta la llegada de las colonias extranjeras que, sin piedad alguna, arrasaron con todo aquello que se cruzase en su camino. Lo que desconocían era que la población Maya era poseedora de poderes que rozaban la perfección, también desconocían que el futuro ya había sido predicho y que, sin su ayuda, no podrían hacer nada para cambiarlo, pues ni tan siquiera se imaginaban que, siglos después, sus descendientes dependerían de lo predicho por los astrólogos más sabios que han existido.
Mas como sabios que eran, sabían que su final, al igual que el fin de los dinosaurios o de otras especies ya extintas, llegaría. Más tarde o más temprano, pero llegaría. Por ello, quisieron dejar algo para que las futuras generaciones conociesen su destino. Fue entonces cuando, en la nación de Itzá, decidieron, bajo consenso, que lo mejor sería dejar una profecía, la cual no sería para nada común, no debía representar signo alguno de magia, a pesar de que en ella se concentrase el poder de todo un pueblo. Debía ser un objeto que no llamase demasiado la atención, pero que, al mismo tiempo, tampoco pasase desapercibido a ojos de todos aquellos por los que necesitase pasar antes de llegar a su destinatario final. Tras varios días pensando que podrían utilizar, uno de los hombres que más poder tenía sobre la comunidad observó que una de las chicas más joven llevaba una pulsera en su mano derecha. Fue como si la luz divina le hubiese iluminado, por un momento, tan solo a él, duplicando así su intensidad. Lo primero que pensó fue que ese, y ningún otro, era el objeto que llevaban días buscando, y segundo, que al estar la pulsera en la mano derecha no era más que un símbolo positivo. Ese mismo día lo llevó y se lo comunicó al resto, entre todos tomaron la decisión de que, no solo la pulsera sería el objeto en el que la profecía tomaría forma, sino que, además, la joven portadora sería la encargada de entregársela a la siguiente generación, para ello tuvo que abandonar el lugar y, por ende, a su familia.
Viajó sola durante semanas, cruzó las frías tierras de lo que es hoy conocido como Canadá, y, con ayuda de múltiples hechizos, logró cruzar al continente vecino, en el cual residían los que, en un futuro próximo, acabarían con su linaje. Desde entonces vivió como una europea más. Adoptó sus costumbres, su religión y su idioma. Incluso contrajo matrimonio con un joven alemán, con quien años más tarde tuvo una hija.
En su lecho de muerte entregó la pulsera a su única descendiente y le pidió que, igual que ella había hecho, se la entregase a su primogénita y que esta lo hiciese de la misma forma con la suya. Y, así, sucesivamente hasta que llegase a manos de aquella que pudiese descifrar lo que contenía tan preciado objeto.

[…]

En su decimoquinto cumpleaños la joven Raika recibió dicha pulsera como regalo por parte de su abuela, quien no se la había entregado a su hija pues tan solo debían entregarla antes de su muerte y, la anciana gozaba de una salud excelente, acorde con el tiempo en el que vivían. A pesar de esto, se la entregó a su nieta porque tenía la certeza de que ella, y solo ella, era la elegida para revelar el secreto que sus antepasados habían guardado con tanto empeño.
Desde ese momento la rubia siempre la lleva consigo, hasta hace unas semanas. La pulsera desapareció días antes de que cumpliese los dieciséis, edad en la que la elegida ya debería estar preparada, tanto física como psicológicamente, para asimilar la información que se le ofrecía. Pero, al no llevar la pulsera con ella, en lugar de sueños que le descifrarían el gran secreto, tenía pesadillas, casi cada noche la misma, pero nunca lograba acordarse de ella cuando estaba despierta, solo cuando se encontraba bajo los brazos de Morfeo podía ver lo que se le mostraba, obviamente muy alejado de lo que realmente debería ver. Pero, mientras que por las noches su mente peleaba en batallas imposibles, por las mañanas su cuerpo estaba completamente cansado y su pulso acelerado, como si se hubiese pasado horas corriendo. La rubia, tratando de no preocupar a sus padres, no le ha contado esto a nadie, pues cree que, antes o después, se pasará y volverá a ser todo como siempre.

Pero, ¿qué esconden realmente estas pesadillas?

Los sueños deberían mostrarle la forma de cambiar lo que sucederá en un futuro, mientras que las pesadillas le muestran el dolor y el sufrimiento, en su propio cuerpo, que sentirán los hombres cuando el mundo toque su fin.

Safe Creative #1008026960659
Cuando quiso darse cuenta de la hora que era, comprobó que hacía apenas unos segundos que el reloj que había en una de las paredes había dado las dos de la mañana. No tenía ni idea del tiempo que llevaba allí, pero fuese mucho o poco se le había pasado excesivamente rápido, algo que era de lo más habitual cuando estaba con Frederick, y esto era algo que la rubia odiaba realmente. Le frustraba demasiado que el tiempo corriese como el que más cuando lo que quería era que no pasase nunca, mientras que cuanto más deseaba que volase para, por ejemplo, terminar alguna clase, más inmóviles parecían ser las manecillas de los relojes. A pesar de esto, no encontraba el motivo por el cual sentía esto con el castaño, pues si bien le solía pasar en repetidas ocasiones a lo largo del día, no entendía porque las horas se pasaban tan rápido cuando estaba con él, y, mucho menos, porque quería que eso no sucediese. Respiró, resignada, sabiendo que no podría cambiar eso por más que quisiese.

La Ravenclaw apartó estos pensamientos de su mente, decidida a aprovechar el tiempo que tenía por delante, mientras dispusiese de él. Debía vivir el ahora, el presente, ya se enfrentaría al futuro en el momento en el que fuese necesario si es que debía hacerlo. Posó de nuevo su mirada sobre su compañero, tratando de averiguar que narices le estaba pasando, como si eso le fuese ayudar a descubrirlo.
Raika, eres imbécil, pensó al instante. Pocos segundos después escuchó la respuesta de Frederick, ante la cual no pudo evitar sonreír. – Seré pequeña, pero tú ya te estás haciendo viejo, Fred, deberías comenzar a averiguar sobre hechizos para las arrugas, si quieres, puedo ayudarte.- respondió riendo para después escuchar su respuesta ante su último comentario. - ¿Me sorprendería? – inquirió pensativa. – No tiene porque dañarla, soñar no es malo. – añadió finalmente, tratando de descubrir que podía ser aquello que, según el Ravenclaw, la sorprendería.

Aún riendo, la rubia escuchó cada palabra que salía de la boca del castaño. –O
h, perdone usted, capitán, me había olvidado de su gran fuerza de voluntad para entrenar fuera de los horarios establecidos. Prometo que no volverá a ocurrir.- le respondió al mismo tiempo que llevaba su mano derecha a la frente, al igual hacían los soldados muggles ante sus superiores. – A pesar de esto, creo que no es un motivo suficiente para que, después de haberlas rechazado, deba darte galletas. –añadió riendo. – El suelo no muerde, tonto, ¿no te cansa estar ahí de pie? –preguntó finalmente.

jueves, 15 de julio de 2010

Cels: Fred-Raika= Itzel :H

Rai: jeje.

Cels: RAIKA, ESO NO ME LO CONTASTE :OHH:

Rai: Si te conté :p1:

Cels: no lo hisiste o=0

Rai: Si lo hice :OOH:

Sam: la tripa de embarazo a los ocho meses es grande Cel :H

Cels: Callate Austen :p1:

Raika: Austen habla :lila.:

Sam: Oye, que cuando me llamais Austen me recordais al imbécil de Pressly O:

-Cels se va- :posno!:

Cels: :H

Rai: jajajaja :jh: -agarra a Cels- ven pa'ca :medeses:

y el padre de Desiré e-e Shawn e-e?

Cels: Tardabas :·_·bang:

Rai: Si e-e

Cels: :deoxbang: *¬* cof cof

(Boda (?))

Rai: *---------------*

Cels: :mealejo:

Cels: Lo siento, yo no me caso :WI:

Cels: Si no soy yo, vale *-*

Cels: :OHH:

Rai: :muaji.:

Cels: :p1bang: YO NO ME CASOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO :waaa:

Rai: Si *---------* :we:

Sam: siempre puedes irte corriendo en el altar :japi:

Cels: NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO :waaa:

Cels: :H:H:H:H

Rai: Celeste no le haría eso a Shawn :p1:

Cels: :jope: P-pero no quierooooooo :PUCHERO:

Sam: :H

Rai: Si que quieres e-e No te lo podrán quitar después:H

Cels: El matrimonio no impide eso ·_· Es solo un papel :no_:

Rai: Un papel que tendrás :H

Cels: Y quemare antes de firmarlo :H

Rai: No :H

Cels: Que NO me caso joder :p1:

Rai: Que si coño :medeses:

Cels: No :H

Cels: No me puedes obligar, yo soy más grande que tu :H

Rai: p1



{...}

sábado, 3 de julio de 2010

{ ♥ ♥ ♥ }

Celeste Voissier.

Más que una amiga, una hermana.

Realmente sería complicado definir con palabras la amistad entre ambas, sencillamente porque ninguna podría expresarla ni en una milésima parte. Celeste, o Cels, es la única persona, aparte de Ilse, que sabe absolutamente todo sobre la rubia, sus miedos y temores, pero también sus deseos y metas. No hay nada que no le haya contado, porque para la Ravenclaw, ya no es una simple amiga, es una hermana de la que tan solo le separa la sangre que corre por sus venas. “Un hermano puede no ser un amigo, pero un amigo será siempre un hermano.” Y jamás podría haber estado más de acuerdo en algo. Para Raika, Cels es su otra mitad, si Celeste es feliz, ella también lo es, de la misma forma que si Celeste sufre, Raika sufrirá con ella.

Frederick Woodward.

Amigo & Compañero de casa.

Apenas hace un año que la Ravenclaw conoce al joven Woodward. Claro que, al compartir casa ya lo había visto en múltiples ocasiones en la sala común, sin contar en el resto del castillo. Mas fue en su quinto año en Hogwarts cuando, a raíz de su entrada al equipo de quidditch, comenzaron a hablar. Para Raika, el castaño siempre ha sido un ejemplo a seguir en cuanto al quidditch se refiere, debido a esto se sentía, en cierto modo, cohibida ante su presencia, mas esto cambió rápidamente al comprobar que, a pesar de ser el capitán, era un buen amigo con el que poder pasar el tiempo haciendo cualquier cosa. Porque, al menos para ella, el tiempo que pasa junto a él parecen ser escasos minutos, le agrada su compañía y no la cambiaría ni por todos los galeones del mundo. En muy poco tiempo ha llegado a cogerle mucho cariño, tanto que incluso llega a asustarla, pues tiene varios amigos, pero ninguno puede compararse a Frederick, aunque, a pesar de esto, prefiere hacer como si nada de esto sucediese, pues desde su punto de vista es mejor dejar las cosas como están si estas van bien y jamás se perdonaría el ser la culpable de que esto cambiase.

Jessica Constantini.

Amiga & Confidente.

El hecho de no compartir casa no ha impedido que las horas compartidas durante las clases ayudasen a forjar la amistad que actualmente comparten. Para la rubia, Jessica es una persona de la cual no podría prescindir en ningún momento de su vida, la entiende y esto no es algo que muchos hayan intentado, ni tan siquiera, hacer. Podría decirse que conoce todo de ella, al menos todo lo que la Ravenclaw muestra, pues siempre quedarán esos pequeños detalles, que si bien puede parecer falta de confianza hacia la castaña, son simplemente eso, detalles que prefiere guardar para sí misma.
Actualmente, están algo distanciadas, concretamente desde el instante en el que la relación que Raika mantenía con Mathias tocó su fin, pues el joven slytherin era, y es, un buen amigo de la gryffindor, quién aún no entiende como han podido dejarlo después de un largo año. A pesar de esto, nadie puede negar que la amistad que las une sea inquebrantable, a la par que diferente y especial.


jueves, 25 de marzo de 2010

M A S Q U E R A D E !


Habían pasado casi dos semanas desde que la rubia hubiese recibido la invitación, por parte de la directora de Hogwarts, al baile que, año tras año, se venía realizando en el colegio. Le parecía increíble que hacía un año hubiese asistido como alumna y este año como una ex – alumna. Suspiró, y fue hacia su habitación. No había comprado ningún vestido, tenía varios donde elegir, además, se le había olvidado por completo, con lo cómoda que estaría con unos vaqueros y una camiseta. Tras rebuscar en su armario, eligió un vestido azul, ni siquiera recordaba cuando lo había comprado, ni tan siquiera si había llegado a usarlo, pero no importaba, le iba a juego con su máscara y eso era más que suficiente. Sin pensárselo dos veces, fue al cuarto de baño, y, tras una rápida ducha, se cambió de ropa. No peleó demasiado con su rubio cabello, con la ayuda de un aparato muggle, se lo secó y, en lugar de alisarlo, dejó que unas rebeldes ondas se formasen en su cabello. Buscó los zapatos y rápidamente se los puso, antes de arrepentirse y coger cualquier tipo de calzado bajo. Antes de salir por la puerta cogió su máscara, no era plan de que no la dejasen entrar por culpa de habérsela olvidado.

Cuando al fin llegó al castillo, se dio cuenta de que el discurso ya había pasado. La verdad, no se había perdido nada, todos los años era la misma historia, y dudaba que este fuera diferente. Se colocó la máscara sobre su rostro y entró al salón en el que decenas de parejas bailaban, hablaban, o simplemente, dejaban pasar las horas. Al igual que todos, desconocía quién era su pareja. Bufó. ¿Cómo narices le encontraría? Se acercó a la jefa de estudios, seguramente ella sabría, y podría, por lo menos, indicarle donde se encontraba. Y en efecto, mas tan solo le dijo que se encontraba en la mesa de la comida. Ni que fuese adivina, pensó. Se acercó al lugar indicado, por suerte tan solo había un chico allí. Tenía que ser él, si o si. Aún sin saber que decirle, se acercó a él. – Esto… - comenzó a hablar sin saber como continuar. Vamos, Raika, no eres conocida por ser tímida que digamos, pensó, intentando encontrar las palabras adecuadas para continuar con su frase.- Creo que soy tu pareja. - Añadió tras unos escasos segundos de vacilación, al mismo tiempo que enredaba su dedo índice en su cabello, gesto que repetía cada vez que estaba nerviosa.

sábado, 20 de marzo de 2010

Dance to the Music ;;

{27 de Enero, Martes | 12:10 h.}


La rubia se asomó por una de las entradas traseras del auditorio. Sabía que esa hora estaba libre, por lo que no habría nadie allí, no por nada se había molestado tanto por conseguir los horarios de ese día. Y, por suerte, una de sus horas libres coincidía con una de las horas en las que el auditorio estaba vacío. No dudo un momento en acercarse hasta allí, aunque sabía que no era fijo que tuviese toda la sala para ella, pues no sería ni la última ni la primera vez que algún alumno, al igual que estaba haciendo ella misma ahora, se colaba, o, simplemente, alguna clase cambiada a última hora. Sonrió al comprobar que no había nadie, hacía tiempo que quería hacerlo, pero por un motivo u otro nunca había tenido la oportunidad de tener el auditorio para ella sola. No sin cierta cobardía en sus pasos, subió a la tarima y acto seguido posó su bolso en una esquina algo apartada. Buscó con la mirada el reproductor de CDs que había visto en alguna de las representaciones y actos, y tras encontrarlo introdujo el CD que llevaba en la mano para segundos después darle al PLAY.

La música comenzó a sonar, conocía perfectamente aquella melodía. El lago de los cisnes, de Tchaikovsky. Esa había sido la primera canción que había bailado, cuando apenas tenía ocho o nueve años, junto a su hermana Ilse. La echaba tanto de menos y para acabar, estaba tan lejos en ese mismo momento. Además, ella era la única persona que la había visto bailar hasta entonces, y seguiría siendo así, por lo menos en un futuro próximo. No lo hacía mal, más bien todo lo contrario, pero además de ser demasiado modesta era algo vergonzosa cuando al baile se trataba. No se podía imaginar ante nadie que no fuese su hermana bailando, a pesar de que su sueño fuese ser una bailarina reconocida, obviamente, por su trabajo. Pero no tenía que preocuparse por eso, al menos no por ahora, primero tenía que acabar la carrera y después, ya vería que hacía de su vida.

Dejando todos estos pensamientos, que lo único que hacían era molestar, comenzó a seguir con su cuerpo el ritmo de la música, el cual se movía con soltura y agilidad al compás de la misma. Toda la coreografía estaba grabada en cada una de sus articulaciones, la había bailado decenas de veces sin cansarse. Bailar le despejaba, lograba que todo pensamiento desapareciese por unos minutos de su cabeza. Cuando bailaba, solamente existía ella y la música, nadie ni nada más. De repente escuchó el sonido de la puerta al golpear sobre el marco, no sabía si había sido abierta o cerrada, o si su inoportuno acompañante la había visto. Ya fuese así o no, rápidamente fue hacía el reproductor para desconectarlo, deseando a su vez no haber sido descubierta por nadie.